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Biotecnología

Un láser que sana las incisiones de los cirujanos

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Los láser y un tinte que tiene siglos de antigüedad podrían suplantar las agujas e hilos de sutura.

  • por Lauren Gravitz | traducido por Claudia Taurel
  • 11 Febrero, 2009

A pesar del inestimable progreso de la medicina a lo largo del último siglo, la cirugía todavía puede dejar cicatrices que parecen más apropiados al monstruo de Frankenstein que a un beneficiario de una operación precisa y moderna. Es así que en el Wellman Center for Photomedicine en el Massachusetts General Hospital, Irene Kochevar y Robert Redmond han desarrollado un método que tiene el potencial de reemplazar la aguja y el hilo quirúrgico. Utilizando láseres quirúrgicos y un tinte que se activa a través de la luz, los investigadores están logrando que la piel se sane sola.

La sutura láser no es una idea nueva. Durante años los científicos han tratado de encontrar maneras de utilizar el calor generado por un láser para soldar la piel. Pero han tenido más dificultades de lo esperado tratando de encontrar el equilibrio perfecto. Si el calor no es suficiente, la herida no sanará, demasiado calor y el tejido se muere. Ocho años atrás, un colega de Kochevar y Redmond estaba examinando diapositivas de patología de unas células que murieron debido a este tipo de sanación termal cuando se le ocurrió que podría ser posible utilizar simplemente la luz del láser, en vez de su calor.

Mientras que la idea de que la piel puede auto suturarse suena a la habilidad de un super héroe, la técnica es sorprendentemente simple. El equipo aprovechó el hecho de que un número de tintes se activan en presencia de la luz. En el caso de Rose Bengal – un tinte que se utiliza en casi todas las oficinas de los oftalmólogos para detectar lesiones de córnea – los investigadores creen que la luz ayuda a transferir electrones entre las moléculas del tinte y el colágeno, el mayor componente estructural del tejido. Esto produce radicales libres altamente reactivos que causan que las cadenas moleculares del colágeno se unan químicamente los unos con los otros. Si se pinta los dos lados de una herida con Rose Bengal, y se ilumina con luz intensa, los dos lados se "etretejerán" entre sí. “Llamamos a esto nano-sutura,” declara Kochevar, “porque lo que se está haciendo es unir las pequeñas fibras de colágeno. Es mucho más de lo que puede hacer cualquier tipo de hilo quirúrgico.”

Los beneficios de estas nano-suturas son múltiples. En casi todos los casos, parece resultar en procedimientos más rápidos, menos cicatrización y posiblemente menos infecciones, ya que sella las aperturas de manera completa y no permite la contaminación de la herida. Esto lo hace particularmente apto para cerrar no solamente las incisiones superficiales de la piel sino también las operaciones de ojo y de nervios. En las operaciones de ojo como el reemplazo de córnea, los puntos, que pueden causar irritación e infección algunas veces, deben dejarse por meses; en ocasiones aumentando las complicaciones. En las cirugías de nervios, el daño proveniente del tejido cicatrizado puede disminuir la conducción de impulsos neurales. “Si una aguja atraviesa la piel, no es gran cosa,” dice Redmond. “Pero si atraviesa un nervio, es una cuestión muy distinta puesto a que se está destruyendo parte de ese mismo nervio.”

Trabajo liviano

Las operaciones se llevan a cabo en un quirófano de azulejos y acero inoxidable. Min Yao, un cirujano del equipo de Kochevar y Redmond, ha traído un láser médico desde el laboratorio de abajo. El instrumento ya se utilizada en intervenciones oculares, nasales, en oídos y en la garganta, y su luz verde posee la longitud de onda para lograr la máxima absorción del tinte Rose Bengal. Cuanto mejor se absorba la luz, mejor será la activación del tinte y más completa el entretejido del colágeno. El generador la luz del láser es escasamente más grande que un receptor de estéreo, y un cable de fibra óptica sale de su costado y brilla con una luz verde manzana.

Para esta cirugía de prueba sobre la piel de un conejo anestesiado, el cirujano Ying Wang mide y marca la parte de la piel a ser removida: una sección elíptica en forma de hoja de 1,5 cm. de ancho por 3,5 cm. de largo. Luego de remover el tejido, Wang comienza a cerrar la herida. Los cortes quirúrgicos requieren dos capas de costura: la sutura enterrada o subcutánea, que son puntos para unir los tejidos profundos, y la sutura superficial, para cerrar la piel. Wang mueve su aguja e hilo de sutura a través de la capa subcutánea, trabajando de manera muy cuidadosa, de una punta de la incisión a la otra. Luego pasa a la capa epidermal.

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Wang cierra la mitad derecha del corte con tres puntos, utilizando hilo de sutura de color negro para que contraste bien contra la piel rosada del conejo. Después toma una ampolla de RoseBengal y deja caer de a gotas este tinte de rosa-neón a cada lado de la porción abierta de la herida. Coloca el cable de fibra óptica dentro de una base metálica que mantiene una distancia fija entre el láser y el tejido y la luz firme. Una lente irradia un haz de luz definido y nítido que se alineada con la incisión. Wang posiciona la base al costado del conejo, se coloca un par de anteojos de seguridad color naranja, programa un temporizador, y pisa un pedal que activa el láser. Una luz verde se proyecta a través de la habitación.

Tres minutos después, el temporizador suena y Wang saca su pie del pedal. Se saca los anteojos de seguridad, retira la base con el láser e inspecciona su trabajo artesanal. Una pequeña línea es visible – un remanente del tinte Rose Bengal y del marcador negro que utilizó para marcar la ubicación de la incisión antes de la operación. Pero cuando tira de la herida, utilizando un par de forceps en cada mano para tratar de separar el tejido, la piel se mantiene firme y no hay casi rastros del corte.

Un futuro brillante

“Es una tecnología muy interesante, que le sería útil a cualquier persona dedicada a la cirugía de la piel – cirujanos plásticos, dermatólogos,” comenta Robert Stern, profesor de dermatología en la Harvard Medical School y jefe de dermatología en el Beth Israel Deaconess Medical Center en Bosto­n. El dice que la tecnología aún debe probarse mejor, y que todavía no está del todo convencido de que los beneficios estarán por encima del coste de los tintes fotoquímicos y el equipo de láser, que son mucho más caros que una aguja y un hilo de sutura. Sin embargo, él comenta, el potencial de minimizar la cicatrización y tal vez apurar la sanación “podría ser más cómodo para los pacientes y mejorar los resultados.”

Hasta ahora, el uso de la técnica en los seres humanos ha sido limitado a cirugías de piel: en un ensayo clínico, 31 pacientes con cáncer de piel y lunares sospechosos tuvieron sus remociones de tres-a-cinco centímetros cerrados con suturas de un lado y con tejido fotoquímico unificante del otro. El procedimiento dermatológico será presentado ante la FDA para su aprobación, cosa que los investigadores esperan antes de comenzar con más ensayos con seres humanos. Los experimentos con animales ya han demostrado que la técnica es útil en cirugías de nervios, ojos y vasos sanguíneos entre otros –tan útil, que Kochevar y Redmond tienen cirujanos listos y esperando para comenzar con los ensayos en humanos en el momento que el hospital de su aprobación.

“Si hablas con cualquier médico de esto, seguro que pensará en más de una forma de aprovechar esta herramienta,” declara Kochevar. El láser está limitado por el espesor del tejido: solamente funciona donde la luz puede penetrar, así que nunca podría reemplazar las suturas subcutáneas o ser eficaz en tejido oscuro u opaco como el hígado o el hueso. Los científicos han licenciando la tecnología a una starup- aún bajo secreto - que planifica comercializarla una vez que reciba la aprobación de la FDA. La empresa recién ha comenzado a buscar su primera ronda de financiamiento. 

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