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Computación

Genevieve Bell, antropóloga de Intel, pone en duda los relojes inteligentes

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Genevieve Bell, directora de investigación de la experiencia de usuario en Intel, asegura que las empresas dedicadas a construir dispositivos portables aún no han descubierto por qué la gente podría querer llevarlos.

  • por Tom Simonite | traducido por Francisco Reyes (Opinno)
  • 19 Septiembre, 2013

Foto: Genevieve Bell, de Intel, viaja por el mundo para estudiar la vida de las personas y el modo en que la tecnología se adapta a ellas.

Como directora del grupo de investigación de interacción y experiencia de usuario en Intel, la antropóloga Genevieve Bell ayuda a la compañía a entender cómo los chips y otros productos desarrollados en sus laboratorios podrían encajar en el mundo de los humanos. Su equipo de científicos sociales, diseñadores e ingenieros entrevistan y observan a la gente en países de todo el mundo para entender cómo utilizan y piensan en la tecnología.

Ese tipo de trabajo ha incluido recientemente una investigación sobre el modo en que la gente piensa y se siente acerca de la tecnología que se lleva puesta en el cuerpo, o computación portable. Bell desconfía de los primeros ejemplos de ordenadores portátiles que están preparando empresas como Google (ver "Google quiere instalarte un PC en la cara"), Samsung y otras. Asegura que no van a hacerse populares hasta que se aclare el modo en que sus características técnicas podrían mejorar la vida de las personas.

¿Qué te ha enseñado tu investigación sobre los ordenadores portátiles?

La idea de llevar puesta la tecnología no es nueva. Antiguamente llevábamos puestas armaduras, espadas y muchas otras cosas, y esa era la tecnología de la época. Esto puede ayudarnos a analizar la obsesión actual y ver de dónde viene.

Las tecnologías que hemos puesto en nuestros cuerpos durante los últimos miles de años tienden a tener dos funciones. Una es literal. Hacen algún tipo de trabajo para extender nuestro físico, o alcance. La otra es siempre simbólica, dicen algo sobre nosotros a los demás. La armadura y el escudo de armas dan el siguiente mensaje: "Soy de este equipo, mantente alejado". Los relojes de hace 200 años decían: "No solo tengo el dinero para tener un reloj, sino que creo en la puntualidad". Me interesa el modo de empezar a tejer esas dos cosas para unirlas: lo funcional y lo simbólico.

¿Eso sigue siendo válido para las tecnologías portables?

Por supuesto. La dificultad en este momento es que estamos lidiando con la parte literal, no la parte simbólica. Las decisiones sobre lo que llevas en el cuerpo son completamente personales, pero la forma en que los demás las interpretan está fuera de tu control y es una transacción simbólica. Por el momento, la computación portable está en gran parte en la fase "funcional", en vez de en la fase simbólica, en la que se le intenta dar sentido a la pieza.

¿Esa pieza que falta, se puede encontrar dentro de las empresas de tecnología, o tiene que suceder algo a nivel más amplio en la sociedad para que computación portable tenga sentido?

Creo que ocurre en ambos lados. Claramente, es lo que ocurrió con los relojes [convencionales].

A medida que hemos ido avanzando en el tamaño de la informática, se ha producido un interesante conjunto de desafíos. Los teléfonos inteligentes, ¿eran como un ordenador portátil más pequeño para hacer llamadas telefónicas? ¿Las televisiones de nueva generación eran como un gran ordenador portátil? Los teléfonos inteligentes se volvieron algo interesante solo cuando la gente dejó de considerarlos como teléfonos. Creo que la promesa central de un teléfono inteligente es que nunca vas a volver a aburrirte. Nunca te vas a quedar sin algo que hacer. Una vez que dejamos de pensar que los teléfonos inteligentes eran como los teléfonos antiguos, pudimos empezar a imaginar que tenían que hacer todo tipo de cosas, como tener buenos juegos y cámaras.

Creo que el espacio de la tecnología portable aún acarrea todas las viejas metáforas de la computación, y aún las interpretamos de forma un tanto literal: son como un smartphone o un ordenador, pero más pequeños. Será mucho más interesante cuando nos desprendamos de eso y descifremos qué es lo que la computación portable promete hacer por nosotros.

Para mí el espacio de la computación portable es tan incipiente que aún no sabemos cuáles son esas promesas. Aún no nos hemos liberado a nosotros mismos como para aprovechar toda la parte técnica tan interesante que está sucediendo.

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