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Llega el fin de las gafas progresivas con esta lente que se autogradúa

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Unos sensores que rastrean el movimiento del ojo y hacia donde mira permiten al prototipo de Deep Optics modular el enfoque de la lente mediante corriente eléctrica. Aún le faltan al menos dos años

  • por Rachel Metz | traducido por Teresa Woods
  • 11 Marzo, 2016

Una start-up israelí está fabricando unas gafas con lentes que pueden ajustar automáticamente su potencia óptica en tiempo real, algo que podría representar toda una ayuda para las personas con dificultad para enfocar los objetos cercanos debido a su edad y también podría ser útil para reducir el efecto mareante de la realidad virtual.

La start-up, llamada Deep Optics, ha dedicado los últimos tres años al desarrollo de lentes con una capa transparente de cristal líquido que puede cambiar su índice de refracción, es decir, la manera en la que la luz se dobla al atravesar la lente. Para ello, la capa es sometida a una corriente eléctrica que, gracias a los datos de un sensor, identifica la zona en la que el ojo del usuario intenta enfocar.

Este mes la empresa ha anunciado que ha recaudado unos cuatro millones de dólares (unos 3,65 millones de euros) en financiación de capital riesgo para ayudar a convertir el concepto en una realidad; los inversores incluyen Essilor, una empresa francesa que fabrica lentes para gafas.

La tecnología no es totalmente nueva, pues ha sido empleada en las lentes de cámara de los smartphones, por ejemplo. Pero Deep Optics afirma que es capaz de emplearla en lentes más grandes y más potentes ópticamente.

Foto: Un prototipo de la lente autoajustable de Deep Optics rodeado por una placa de circuito impreso (izquierda), mientras otra lente está integrada en un mango de plástico con un adaptador que sirve para conectarla a un ordenador (derecha). Crédito: Deep Optics.

La empresa espera que su tecnología resulte útil para la gente que padece de presbicia, una incapacidad muy común de enfocar de cerca que se suele presentar a partir de la cuarentena. Suele resolverse con el uso gafas progresivas, que incorporan distintos grados de potencia de enfoque en distintas zonas de las lentes. Sin embargo, tales gafas limitan el campo visual de los usuarios, según el cofundador y CEO de Deep Optics, Yariv Haddad, y obligan a aprender nuevos comportamientos para poder ver con claridad.

La idea subyacente de Deep Optics, explica, consiste en que mientras las gafas no operen eléctricamente, enfocarán las distancias lejanas, como unas gafas convencionales. Pero cuando el usuario mire un objeto cercano, como un libro, o a distancia media, como la pantalla de un ordenador, los sensores que rastrean los movimientos oculares enviarán datos acerca de la distancia entre las pupilas a un diminuto procesador incorporado en las gafas; el procesador calculará dónde mira el usuario y ajustará el enfoque en hasta tres dioptrías, lo cual, según afirma Deep Optics, cubre el mismo rango visual que un par de lentes multifocales.

"El usuario no tiene que controlarlo, no tiene que mirar a través de un área concreta de la lente", dice Haddad. "Sólo tiene que mirar a través de las gafas como haría con cualquier par de gafas convencionales", añade.

Unas gafas que incluyan esta tecnología no estarán disponibles en un futuro próximo. Mientras que la empresa ha desarrollado los elementos básicos de un prototipo funcional, incluidas unas lentes funcionales y otros componentes, aún le queda mucho trabajo por hacer en lo que se refiere al perfeccionamiento de las lentes y del sistema para detectar la distancia de pupila, según Haddad, por no hablar de averiguar cómo encoger el tamaño de todo el conjunto para que pueda caber dentro de algo tan fino como un par de gafas. Calcula que le llevará a Deep Optics unos dos años lanzar unas pruebas extensas de las gafas con usuarios humanos.

Haddad asegura que la utilidad de la tecnología de Deep Optics va más allá de los problemas de visión. Por ejemplo, podría ofrecer una manera de enfocar los ojos de forma más natural mientras se lleva puesto un casco de realidad virtual. La experiencia requiere que el usuario fije sus ojos tanto en una pantalla plana que tiene delante como en las imágenes en 3D que parecen estar más cercas de los ojos, lo cual provoca náuseas en algunas personas. Haddad cree que las lentes autoajustables podrían ayudar con esto.

El profesor del Centro de Tecnologías del Entretenimiento de la Universidad Carnegie Mellon (EEUU) y el CEO de Schell Games, Jesse Schell, confirma que la tecnología sí suena potencialmente útil para la realidad virtual. Lo bien que funcionaría y lo práctico que resultaría, sin embargo, resultan más difíciles de predecir. Schell concluye: "Creo que parte del reto consiste en que tendrá que responder rapidísimo, y eso no es nada fácil", afirma.

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