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Biomedicina

La distrofia muscular aún no ha matado a Ben Drupree. CRISPR podría salvarle

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Dijeron que moriría a los 19 años, pero sigue aquí. Los médicos corren todo lo que pueden para intentar curarle con esta prometedora técnica cuyos efectos secundarios aún no se controlan del todo

  • por Antonio Regalado | traducido por Teresa Woods
  • 25 Octubre, 2016


Crédito: Dadu Shin.

Con 24 años, Benjamin Dupree ha sobrevivido más tiempo que la mayoría de la gente que padece distrofia muscular de Duchenne. Fue diagnosticado hace 15 años, tras tener serios problemas para subir escaleras sin valerse de la barandilla. Los médicos le dicen que la enfermedad es terminal, pero le hablan sobre lo que significa vivir con ella. No le cuentan nada de las chicas que no ven más allá de su silla de ruedas, ni sobre cómo el teléfono deja de sonar. En cada nuevo cumpleaños solo están su madre y él, descubriendo qué cosas no es capaz de hacer ese año. Dupree recuerda que logró terminar el instituto, pero en la universidad la depresión se adueñó de él. "No sabía cómo seguir adelante", dice.

El problema es que el cuerpo de Dupree no produce distrofina, una proteína de las fibras musculares que actúa como amortiguador. Sin ella, los bíceps y músculos de la pantorrilla y diafragma se convierten lentamente en una sustancia parecida a la grasa. Uno acaba conectado a un ventilador, y después se le para el corazón. La distrofina es producida por un gen que no sólo es el más grande del genoma humano sino el más grande de la naturaleza. Consta de 79 componentes conocidos como exones, y cada uno contiene instrucciones para un ingrediente de la proteína. El problema de Dupree, me explicó, es que él tiene un "pseudo" exón, que es como si a mitad de esta épica receta alguien hubiera añadido una instrucción errónea que dice: "Detenga la cocción". Existen miles de maneras en las que un gen de este tamaño puede averiarse, y la mutación de Dupree, en la que una única letra de ADN se lee G en lugar de T, es única, por lo que saben los científicos.

Dupree estudió bioquímica en la universidad y espera convertirse en consejero genético. A veces se imagina cómo sería su vida sin ese pequeño error. Hace un año, en diciembre, descubrió que la tecnología CRISPR podría conseguirlo. Un científico llamado Eric Olson había solicitado una muestra de la sangre de Dupree unos pocos meses antes, y Dupree había accedido. Pronto, se deslizaba por el laboratorio en su silla de ruedas TiLite para que Olson, un biólogo del Centro Médico de la Universidad del Sudeste de Tejas (EEUU), pudiese enseñarle los resultados. Algunos científicos predicen que Olson está cerca de conseguir la vía más probable de curar la distrofia muscular de Duchenne.

Foto: Debbie Dupree y su hijo, Benjamin, de 24 años, que padece de distrofia muscular de Duchenne. Ben se ha prestado voluntario para participar en experimentos de edición génica. Crédito: Debbie Dupree.

Gracias a CRISPR, que permite cortar el ADN en regiones muy precisas del genoma, un equipo del hospital había modificado sus células en una placa de Petri cortando el exón adicional. Cuando el ADN se corta de esta manera, cada célula se apresura a autorepararse, pero el proceso natural de reparación suele cometer un pequeño error. Esto provoca que las instrucciones genéticas no deseadas se vuelvan ininteligibles. El proceso de edición sólo requirió un único paso y se logró en tres días. En una imagen sacada con microscopio, sus células estaban llenas de nubes verdes de distrofina perfecta.

Dupree afirma: "Intento ser realista con mis expectativas. Pero sí tuve la sensación de: 'Vaya, esto ha llegado'".

La capacidad de "editar" cualquier genoma con CRISPR de forma precisa y fácil está cambiando nuestra forma de ver la naturaleza. CRISPR a menudo es comparada con la función de "buscar y reemplazar" para el ADN. Para los científicos de laboratorio, se asemeja más al descubrimiento del fuego. Cada día publican una media de ocho artículos científicos que describen nuevos usos para la tecnología, o simplemente reflexionan sobre sus posibilidades, que aumentan exponencialmente. Entre las futuras aplicaciones posibles de CRISPR están los bebés de diseño modificados para tener características deseables y los mosquitos con ADN programado para que se extingan.

Foto: Ben Dupree cocina en su casa, cerca de Dallas (EEUU). La distrofia muscular ha debilitado tanto sus piernas que no puede andar. Crédito: Debbie Dupree.

Entre estas posibilidades de CRISPR, la promesa más interesante (aunque aún esté lejos) es la posibilidad de acabar con el dolor y sufrimiento de personas como Dupree. En experimentos de laboratorio preliminares, científicos académicos están demostrando que la edición génica ofrece nuevas maneras de atacar el cáncer, eliminar el VIH y las hepatitis, e incluso de revertir la ceguera y la sordera. Las empresas no están muy rezagadas. Tres start-ups de la zona de Boston (EEUU) ya han recaudado unos 900 millones de euros y han unido fuerzas con algunas de las principales farmacéuticas del mundo como Bayer y Novartis. Olson reconoce que nadie puede predecir "dónde acabará esta tecnología". El experto afirma: "Yo opero bajo la premisa de que nos llevará más lejos de lo que podemos imaginar".

Los científicos conocen los errores genéticos responsables de alrededor de 5.000 trastornos hereditarios, y los laboratorios de secuenciación descubren unos 300 más cada año. Algunos son síndromes que afectan a una persona entre 1.000 millones.  La distrofia muscular de Duchenne se encuentra al otro extremo; es una de las enfermedades hereditarias más comunes, presente en uno entre cada 4.000 niños. Las niñas raramente se ven afectadas, y en un grado menor.

"Intento ser realista con mis expectativas. Pero sí tuve la sensación de: 'Vaya, esto ha llegado'". 

La edición génica podría borrar todas las enfermedades con una alteración única y permanente del ADN, y va un paso más allá de la convencional terapia génica. Esta tecnología de 30 años de antigüedad propone insertar genes de sustitución a las células de una persona, normalmente mediante un virus. Pero ese enfoque no es práctico para algunas enfermedades. Por ejemplo, el gen de la distrofina es demasiado largo para caber dentro de un virus, pero sí encaja dentro de las proteínas cortadoras de ADN de CRISPR. Y a veces un gen defectuoso que provoca estragos necesita ser silenciado, así que añadir un gen nuevo no ayudaría. La capacidad de CRISPR de eliminar e intercambiar letras genéticas permite un enorme abanico nuevo de tratamientos. Algunos médicos ahora denominan a CRISPR como "la terapia génica 2.0".

Pero ni la terapia génica 1.0 aún acaba de llegar del todo. Tras 30 años de investigaciones, los científicos aún están aprendiendo a emplear los virus para trasladar instrucciones genéticas hasta las células de una persona viva. Sólo se han llegado a aprobar dos tratamientos de reemplazo de genes para enfermedades hereditarias, ambos en Europa. Pero Olson afirma estar convencido de que CRISPR representa la manera más plausible de frenar la distrofia muscular de Duchenne. Hacia principios de este año, demostró que puede reparar mutaciones en ratones con la enfermedad después de enviar unos virus portadores de ingredientes de CRISPR a sus venas. Olson explica: "Un ratón no es un niño, pero creemos que sabemos exactamente lo que se tiene que hacer. Y si funciona, matiza que "sería una cura, no un tratamiento".

Foto: Eric Olson, un experto en ingeniería genética de la Universidad del Sudoeste de Tejas, empezó a utilizar CRISPR hace tres años para desarrollar un tratamiento para la distrofia muscular. Crédito: David Gresham.

Olson cree que la primera prueba de una terapia CRISPR en un paciente con distrofia muscular de Duchenne podría arrancar dentro de dos años. Sería un pequeño ensayo clínico experimental con tan sólo unos pocos niños. En colaboración con Jerry Mendell del Hospital Infantil Nacional de Ohio (EEUU), un centro para estudios de terapias génicas, esperan administrar el tratamiento a monos durante los próximos 12 meses, un preludio a las pruebas humanas. Los investigadores también intentarán averiguar si la terapia génica CRISPR tendrá efectos no deseados. Las ediciones accidentales son la principal preocupación.

Dupree, que sigue los avances del laboratorio, no tiene demasiadas esperanzas en que le llegue a ayudar a él. Sabe que el estudio podría llevar años, y puesto que su mutación es única, necesitaría una terapia personalizada específicamente para él. El joven afirma: "Me emocionan más las implicaciones científicas que cualquier tratamiento para mí". Pero su madre, Debbie Dupree, dice que los foros y las páginas de Facebook donde se reúnen los padres ya rebosan de preguntas. "Se habla mucho [de esto]. La gente quiere saber cuándo estará disponible", dice.

Los pacientes de distrofia muscular de Duchenne y sus familias no son los únicos que se hacen esa pregunta. Innumerables personas que se enfrentan a cánceres terminales o al VIH, además de la anemia falciforme y numerosas enfermedades genéticas más, pronto podrían estar vigilando atentamente el destino de esas células alteradas por CRISPR del laboratorio de Olson. ¿Es este el comienzo de una nueva era de medicina, o simplemente otro prometedor resultado de investigaciones más que jamás saldrá del laboratorio? En particular, los investigadores tendrán que resolver el próximo reto: editar el ADN de forma segura y eficaz dentro de células por todo el cuerpo humano, convirtiendo así la valiosa herramienta de laboratorio CRISPR en una cura médica.

Borrando enfermedades

CRISPR evolucionó dentro de una bacteria a lo largo de miles de millones de años como una forma de inmunidad contra los virus. Las bacterias recogen y almacenan cortos trazos de ADN de los virus que las han invadido, espaciando los segmentos dentro de su genoma para formar un patrón de secuencias palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas (en inglés, clustered regularly interspaced short palindromic repeats, que dio lugar al acrónimo CRISPR). Cuando la bacteria es reinfectada con uno de estos virus, puede generar copias de estos trazos genéticos, que se fusionan letra por letra con el ADN del nuevo virus. Así pueden señalar a la enzima cortante especial que debería adherirse y cerrarse a modo de pinzas sobre el genoma viral y cortarlo.

"El interés ahora mismo es increíble. Antes, no se interesaba nadie. A nadie le importaba".

Para 2013, equipos de científicos de Boston, Berkeley (ambos en EEUU) y Seúl (Corea del Sur) demostraron de forma independiente que este proceso bacteriano inmune natural podría ser simplificado y reutilizado para cortar el ADN en células humanas. Aunque los científicos habían creado proteínas para la edición génica anteriormente, eran difíciles de diseñar y fabricar en comparación con la solución diseñada por las propias bacterias. "En lugar de la versión dos o versión tres, era la versión 3.000 millones", señala el director científico de la start-up de CRISPR Intellia Therapeutics, Tom Barnes.

Intellia Therapeutics es una de las tres start-ups que se han establecido en la zona de Boston. Ya ha recaudado alrededor de 300 millones de euros para desarrollar tratamientos CRISPR; las otras son Editas Medicine y CRISPR Therapeutics. Barnes afirma que CRISPR simplifica enormemente la edición génica debido su forma de cortar. Al igual que las bacterias divisan y cortan el material genético viral, CRISPR se puede centrar en trozos específicos de ADN humano. Los únicos ingredientes que se necesitan son una enzima de edición, la más empleada actualmente es Cas9, y una "guía" corta o extensión de letras genéticas que le indica dónde cortar.

Parece sencillo, pero emplearlo para generar tratamientos humanos es de todo menos fácil. Y existe un problema que a menudo es obviado: "edición" realmente es un nombre poco apropiado. Los científicos han dominado la acción de cortar el ADN, lo que les proporciona algo parecido a una "tecla de borrar" para los genes, además de la función de "añadir" que ofrece la terapia génica tradicional. Pero no pueden reescribir tan fácilmente los genes letra por letra, un aspecto de la tecnología que aún está siendo desarrollado. Por ahora, eso les limita sobre todo a situaciones en las que borrar genes, o partes de ellos, produzca algún beneficio.

La distrofia muscular de Duchenne es una de ellas. Otra es la anemia falciforme, un trastorno que en Estados Unidos afecta sobre todo a afroamericanos. Los investigadores médicos le han prestado poca atención en el pasado, pero existe un corte de ADN obvio que podría resolverla, lo que representaría una elegante cura. Ahora, el hematólogo especializado en anemia falciforme en el Hospital Infantil de Investigación St. Jude en Memphis (EEUU) Mitchell Weiss cuenta que todas las empresas de edición génica le están llamando. El médico afirma: "El interés ahora mismo es increíble. Antes, nadie se interesaba. A nadie le importaba. Pero necesitan una prueba de principio, y esta es una buena opción".

Además de encontrar el tipo de problema genético al que CRISPR ofrece una solución, las empresas necesitan introducir las instrucciones CRISPR  en el cuerpo. La mayoría cuentan con virus para realizar esa tarea, pero la estrategia de Intellia Therapeutics consiste en introducir CRISPR en los cúmulos de grasa que absorben las células del hígado, como si de colesterol se tratara. El pasado mes de agosto, en la reunión anual de CRISPR celebrada en Cold Spring Harbor (EEUU), investigadores de la empresa demostraron que con una única dosis podían alterar los genomas de al menos la mitad de las células del hígado de un ratón. Si Intellia Therapeutics logra editar con éxito las células del hígado de una persona, podría tratar una multitud de trastornos metabólicos imposibles como una forma de amiloidosis hereditaria que provoca la acumulación de dolorosas placas dentro del cuerpo.

Lo que está claro es que será más fácil que CRISPR funcione en algunas partes del cuerpo que en otras. La tarea más sencilla probablemente consista en eliminar genes de las células sanguíneas, puesto que estas células pueden ser extraídas del paciente y después devueltas a su cuerpo. Una farmacéutica china ya ha lanzado un estudio para crear células inmunes supercargadas para combatir el cáncer, y científicos de la Universidad de Pensilvania (EEUU) han anunciado planes similares con el respaldo financiero del multimillonario emprendedor de internet Sean Parker (ver El millonario de Facebook reinvierte su fortuna en innovaciones contra el cáncer).

Historia de la edición genética 

1971–73
El desarrollo de ADN recombinante permite a los investigadores cortar y pegar genes en bacterias.  

1978
Un equipo de Genentech añade el gen de la insulina humana a una bacteria. Es el inicio de la industria biotecnológica.

1990
Unos físicos de Pensilvania intentan administrar una terapia génica a una niña de cuatro años. Se añade un gen a su cuerpo a través de un virus. 

1999
El adolescente Jesse Gelsinger es la primera persona en fallecer durante un experimento con una terapia génica. El interés comercial se ralentiza drásticamente.

2009
La empresa estadounidense de biotecnología Sangamo Biosciences inicia un esfuerzo de curar VIH con células sanguíneas en las que por primera vez se ha eliminado un gen humano.

2013
Científicos en Estados Unidos y Corea del Sur demuestran CRISPR como un nuevo método más fácil de modificar genes humanos. Editas Medicine es fundada en Boston para desarrollar tratamientos con CRISPR.

2014
Al añadir CRISPR a células musculares en una placa de Petri, un equipo de la Universidad Duke (EEUU) elimina una mutación que causa la distrofia muscular de Duchenne.

2015
Científicos chinos editan el ADN de unos embriones humanos. Pocos meses después, la comunidad científica global denuncia como "irresponsable" cualquier intento de crear bebés mediante la edición génica. 

2016
Las primeras pruebas humanas de CRISPR, como parte de tratamientos para el cáncer, ganan la aprobación inicial en Estados Unidos y China. 

Si hay un Everest de la edición génica, ese sería intentar reescribir ADN dentro del cerebro humano, por ejemplo para tratar la enfermedad de Huntington. Editar células musculares se queda en algún punto intermedio de la escala de dificultad. Genéticamente, es un buen candidato. Incluso sólo con una tecla de borrar, según Olson, se podría tratar hasta el 80% de los casos de distrofia muscular. Inicialmente, el tratamiento de edición génica que está desarrollando será dirigido a un punto clave del gen de la distrofina, el exón 51, por el que Editas Medicine también ha señalado su interés. Borrar ese exón serviría para tratar alrededor del 13% de los casos de distrofia muscular de Duchenne.

Lo más importante que se desconoce es si será posible editar suficientes células musculares y producir suficiente cantidad de distrofina en un cuerpo humano. Olson cree que se trata de "la estrategia más prometedora. Pero tiene que salir bien para ser eficiente". Los músculos, incluidos el corazón, los glúteos y los bíceps, representan el 40% de la masa corporal de una persona, con miles y miles de millones de células. Hasta ahora, Olson ha logrado producir distrofina en sus ratones en entre el 5% y el 25% de las fibras musculares. La cifra es mitad cálculo, mitad especulación. Pero cree que editar el 15% de las células musculares de un niño sería suficiente para ralentizar, si no frenar completamente, la distrofia muscular.

Cuando hablé por última vez con Olson, se apresuraba a conectarse a una reunión telefónica para recaudar apoyos comerciales para su idea de lanzar un ensayo humano para el tratamiento para la distrofia muscular de Duchenne. Ha estado hablando con varias empresas, incluida Editas Medicine, que probablemente es la más conocida entre las tres start-ups de CRISPR. Cuenta con Bill Gates y Google como inversores, fue fundada por varios de los inventores de la tecnología CRISPR y también declaró un interés temprano en la distrofia muscular de Duchenne cuando obtuvo una licencia para el trabajo realizado en la Universidad Duke. Pero su directora de operaciones, Sandra Glucksmann, no proporciona actualizaciones sobre el programa.

De hecho, Editas ha mantenido un perfil bajo. Potencialmente, CRISPR podría tratar tantas enfermedades distintas que la empresa se ha mostrado reacia a anunciar en cuál se centrará. Y demostrar que cualquier fármaco CRISPR sea eficaz podría llevar fácilmente una década. Eso le coloca a Glucksmann en una difícil posición. Durante los fines de semana, contesta correos electrónicos de padres desesperados: "¿Podría CRISPR curar a mi hijo?". En teoría, la respuesta podría ser que sí, pero alrededor del 25% de las veces Glucksmann ni siquiera conoce la enfermedad en cuestión. Y la respuesta que ha estado proporcionando Editas Medicina a los padres de niños con distrofia muscular ha sido especialmente decepcionante: "Siento mucho el caso de su hijo. Por desgracia, nos encontramos en la fase más preliminar de investigación".

Tratamientos individuales

Una cosa que ya es obvia es que muchas enfermedades hereditarias necesitarán tratamientos personalizados de CRISPR para mutaciones muy específicas que afectan a pequeños subconjuntos de pacientes o incluso a un sólo individuo como Dupree. Su mutación es única, y no se encuentra cerca del exón 51, por lo que el primer tratamiento CRISPR que está desarrollando Olson no le ayudaría.

Pero Olson no tiene duda de que la mutación de Dupree es corregible, puesto que la técnica puede dirigirse a cualquier punto del genoma. Así que ahora el joven tiene la leve esperanza de que alguien pueda desarrollar un tratamiento CRISPR sólo para él. Durpee afirma: "Sólo se administra una única vez, y tal vez no sea tan caro. Me ha hecho pensar en cómo podría hacerse, porque veo cómo nos acercamos".

En el Hospital para Niños Enfermos de Toronto (Canadá) conocí al jefe de pediatría, Ronald Cohn, que también está especializado en la distrofia muscular. Cohn está seguro de que con CRISPR los tratamientos de una única aplicación son posibles y hasta probables. El pasado mes de diciembre, publicó un trabajo que demostraba (con células en placas de Petri) correcciones de varias mutaciones raras, incluidas algunas extraídas de un niño con enanismo y otras de otro niño con distrofia muscular de Duchenne. Ese niño, Gavriel Rosenfeld, es el hijo de unos íntimos amigos de Cohn que viven en Londres (Reino Unido). Dirigen una fundación caritativa de la que Cohn es consejero. 

Cohn es un recién llegado al mundo CRISPR. Hace varios años, estudiaba ardillas en hibernación. No se movían durante meses, pero sus músculos no sufrían por esa inactividad. Ese tipo de enfoque de "tal vez encontremos algo" es el que prefieren los laboratorios de investigaciones básicas. Ahora, con la edición génica, divisa un camino directo hacia curar alguien a quien conoce. Gavriel tiene 14 años, y desde la corrección de sus células el laboratorio de Cohn también ha creado un modelo de ratón que comparte su mutación. Como la de Dupree, su mutación es única, y dentro de varias semanas el laboratorio de Cohn empezará a tratar a los ratones.

¿Y entonces, qué? Cohn no lo sabe. ¿Cómo se puede probar un fármaco diseñado para una única persona? ¿Quién lo financiaría? Visitó Health Canada, el regulador del país, y le dijeron que volviera en caso de curar a los ratones. El médico señala: "Esto va a necesitar un importante replanteamiento. Y el hecho de que tú y yo estemos manteniendo esta conversación señala el comienzo de un cambio de paradigma".

Foto: Los niños con distrofia muscular exigen acciones durante una reunión en 2016 con la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos. Crédito: John Boal.

El enfoque de Cohn de corregir mutaciones individuales ha reavivado las esperanzas de los padres con niños con distrofia muscular de Duchenne. "¡¡¡Es una CURA!!!", escribió uno de ellos en internet. Su laboratorio ha empleado CRISPR para corregir mutaciones en células extraídas de varios niños a los que conoce. Y tiene una lista de espera con 53 niños con distrofia muscular. Los padres de todos ellos quieren saber si la edición génica podría ayudar a sus hijos.

Si un estudio de terapia génica como el que planea Olson tiene éxito, y si CRISPR llega hasta suficientes células musculares, podría existir un fuerte argumento de que un tratamiento de aplicación única funcionaría. Después de todo, para dirigirse a una nueva mutación lo único que habría que hacer es ajustar el componente de CRISPR que se concentra a una secuencia de ADN específica. El precio de fabricar una única dosis también podría no representar un obstáculo. Las dos terapias génicas  aprobadas en Europa cuestan unos 910.000 euros y unos 605.000 euros cada una. Aunque costara el doble, un arreglo génico de aplicación única con CRISPR resultaría más barato que toda una vida llena de caros fármacos, sillas de ruedas y dependencia.

Al fomentar la esperanza de las curas individuales, Cohn reconoce que ha creado algunos problemas nuevos. Ha invitado a padres al laboratorio, y niños pequeños han correteado entre los taburetes. Pero durante una reunión de tres horas celebrada este otoño, sus alumnos y él acordaron dejar de referirse a "las células de Gavriel" o "las células de Jake" y utilizar los nombres de código numérico en su lugar. Aún saben quién es quién, pero esto les ayuda a ser imparciales. Una de las alumnas de su labotatorio Tatianna Wong me dijo: "Lo sé en el fondo de mi mente, pero quiero ser objetiva. No puedo trabajar en este tipo de casos sólo porque me compadezca de él. Hay preguntas científicas a las que tengo que dar respuesta".

Altas expectativas

Algunos veteranos de la terapia génica ponen se echan las manos a la cabeza cuando escuchan lo que los recién llegados creen que logrará hacer CRISPR. El experto en fabricar virus, Byoung Ryu, me hizo una visita guiada en forma de "L" por el centro de desarrollo de vectores del Hospital St. Jude, Ryu señaló un espacio por encima de su cabeza con la mano y dijo: "Las expectativas de la gente están aquí arriba". El experto advierte de que aún hay problemas biológicos básicas sin resolver. Uno es si la edición funcionará con la frecuencia suficiente en células como las de la médula osea, el tipo que han de ser corregidas para curar la anemia falciforme. Si solo consiguen editar unas pocas células los tratamientos no serán eficaces. "Es un juego de números", dice Ryu.

Ryu fue el primer empleado de la empresa de terapia génica de la zona de Boston Bluebird Bio, cuyas acciones se desplomaron después de que los primeros pacientes no respondieran de la misma manera. El experto detalla: "No soy negativo acerca de CRISPR, pero es necesario hacer una llamada a la realidad. No llegará a la gente el próximo año. Funciona cada vez en una placa de Petri, pero mi perspectiva es que puede que la edición genómica funcione en futuro, pero no a corto plazo".

"Lo que aprendí sobre la terapia génica es que la liebre no gana la carrera. La gana la tortuga".

El futuro de CRISPR como tratamiento depende en gran parte de las capacidades de terapeutas génicos como Ryu. Esta comunidad ha hecho progresos, pero hasta ahora sólo dos terapias génicas (del tipo que añade un gen completo) han llegado al mercado para tratar un trastorno hereditario. Una, llamada Strimvelis, proporciona una cura en toda regla para una deficiencia inmune terminal y fue aprobada este año en Europa. Pero llevó 15 años probarla en 18 niños y otros ensayos similares habían fracasado. Weiss, que lidera el esfuerzo del Hospital St. Jude para aplicar la edición génica a la anemia falciforme, afirma: "Lo que aprendí sobre la terapia génica es que la liebre no gana la carrera. La gana la tortuga". 

Los efectos secundarios también podrían ser un obstáculo. CRISPR podría provocar ediciones accidentales no deseadas que no podrían deshacerse si acaban escritas en el genoma de una persona. Actualmente, los investigadores dependen de programas informáticos académicos para predecir tales efectos. El de la Universidad de Harvard (EEUU) se llama CHOPCHOP. Pero un programa no puede predecirlo todo. Dos ensayos preliminares con terapias génicas realizados durante la década de 2000 provocaron leucemia en varios niños de forma accidental. Nadie había previsto esa consecuencia.

Olson asegura que no ha observado efectos negativos en sus ratones, pero admite que CRISPR puede causar "cambios accidentales en el ADN, importantes para la vida". Y los científicos reconocen que editar miles de millones de células individuales dentro del cuerpo de una persona será la vía más rápida para descubrir los efectos negativos de CRISPR.

Puede llevar mucho más tiempo del que creemos, pero antes o después la edición genética cambiará el aspecto de la medicina. La industria de la biotecnología arrancó durante la década de 1970 cuando alguien insertó insulina en una bacteria E. coli, un avance que demostró que una proteína humana podía fabricarse fuera del cuerpo. Ahora existe una manera de modificar el ADN donde reside, dentro de nuestros genes. Cuando observó sus propias células a través de un microscopio del laboratorio de Olson, Dupree intentó adoptar una perspectiva racional: allí había una solución para la próxima generación de niños. Pero su madre sigue teniendo esperanzas. La mujer recuerda: "Me sentí eufórica. Recuerdo que pensé: 'Esto podría funcionar'". La distrofia muscular de Duchenne es una bomba de relojería. Los padres no pueden evitar hacer los cálculos: tanto tiempo para los ensayos animales, tantos años para el primer ensayo humano, y el tiempo extra hasta que se sepa realmente si funciona. Por suerte, la enfermedad de Ben es del tipo que avanza lentamente. Los médicos dijeron que se habría ido para los 19 años, pero sigue aquí. Y tal vez esté aquí dentro de 10 años "para que lo prueben con él", desea su madre.

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