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Biomedicina

Un baile de proteínas para crear leche artificial casi tan buena como la materna

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La leche humana tiene unas 1.600 proteínas diferentes capaces de adaptarse a cada bebé, ahora una 'start-up' pretende usar proteínas recombinantes para replicarla

  • por Christina Couch | traducido por Carmen Rus
  • 02 Enero, 2017

La leche materna es un alimento casi perfecto hecho a medida para satisfacer las necesidades del bebé que la consume. Las alternativas comerciales no tienen esa calidad. Y aunque los científicos han hecho avances para equiparar la leche materna y la artificial, todavía existen diferencias notable entre los beneficios para la salud de una de otra. Por ejemplo, algunos (aunque no todos) estudios muestran cómo los bebés que se alimentan de leche artificial tienen más riesgo de padecer obesidad y diabetes que aquellos a los que se les ha dado el pecho.

Una de las razones por las que la leche artificial no puede igualar a la materna es que la leche humana es compleja: tiene más de 1.600 proteínas distintas, algunas de las cuales evolucionan más cuanto más tiempo pasan en las glándulas mamarias. Por el contrario, la leche bovina (el principal ingrediente de la mayoría de los preparados artificiales para bebés) tiene muchas menos proteínas diferentes.

Una start-up muy joven de San Francisco (EEUU), BioNascent, está intentando reducir la brecha entre una y otra con ingeniería genética. Fundada el pasado febrero, la empresa sustituye las proteínas bovinas de la leche artificial por proteínas humanas obtenidas en un laboratorio a partir de la inserción de genes humanos en hongos y levadura. La empresa asegura que ya ha replicado la alfa-lactoalbúmina, una proteína que supone entre el 20 y el 30 % del contenido total de proteínas de la leche materna pero solo un 3 % de la bovina.

La alfa-lactoalbúmina es una proteína escogida especialmente para el experimento por su simplicidad molecular, explica el CEO y científico jefe de BioNascent, Craig Rouskey, un biólogo molecular que lleva 15 años trabajando con proteínas recombinantes. En 2014, Rouskey lanzó Real Vegan Cheese, un proyecto aparte en el que utiliza un enfoque parecido a BioNascent para producir queso que no procede de vacas al reemplazar las proteínas bovinas por otras de laboratorio.

En BioNascent, Rouskey utiliza alfa-lactoalbúmina para demostrar que las proteínas humanas también se pueden cultivar en un laboratorio. Con ello, espera atraer la inversión suficiente como para ayudar a su incipiente empresa a costearse el caro proceso de aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE.UU (FDA, por sus siglas en el inglés). Si la proteína replicante de BioNascent superara la prueba, "sería la primera proteína humana recombinante en pasar los exámenes de la FDA como ingrediente alimenticio", dice Rouskey. "Mucha gente que ha intentado lo mismo en el pasado ha llegado a la FDA con los datos y la FDA les ha dicho que no".

Un portavoz de la FDA no quiso pronunciarse sobre la posibilidad de que la proteína de BioNascent fuera la primera proteína humana recombinante aprobada como ingrediente alimenticio. Las proteínas humanas recombinantes sí que se han aprobado para su uso medicinal y hoy forman parte de los componentes de algunos medicamentos.

Para conseguir la aprobación de la FDA, Rouskey necesitaría demostrar que sus proteínas son copias exactas de las que produce el cuerpo humano, y que éste las asimila sin problema. BioNascent también necesitaría pruebas, que por ahora no existen, de que otros investigadores han descubierto que consumir proteínas recombinantes humanas es seguro.

La empresa ha seleccionado 14 proteínas que considera esenciales para suplir algunas necesidades del organismo y va a empezar a trabajar en ellas una por una. Tiene la esperanza de poder producir su segunda proteína a lo largo de los dos próximos meses.

Según el ingeniero químico de alimentos de la Universidad de California en Davis (EEUU) J. Bruce German y cuya investigación se centra en la leche, reemplazar las proteínas bovinas podría tener un efecto positivo en la salud pero no está claro hasta qué punto. "En principio, cuantas más proteínas humanas haya en la leche consumida, mejor", explica German. Sin embargo, como se sabe poco sobre qué es exactamente lo que convierte en mejor a la leche de pecho, es extremadamente difícil predecir el impacto de cambiar un puñado de proteínas. Si BioNascent pudiera producir una leche artificial con proteínas humanas en las cantidades aproximadas que hay en la leche materna para cada momento del desarrollo del niño, "sería un gran cambio respecto a la leche artificial actual", opina German.

Aun así, según German, cambiar las proteínas no basta para poner la leche artificial al mismo nivel que la materna. En parte, explica, porque esta última está producida especialmente para el bebé en cuestión, varía de una madre a otra y también lo hace en función de las necesidades del pequeño. Si un niño enferma, por ejemplo, las madres producen leche con anticuerpos para luchar contra esa infección específica. "Por muy bien que se diseñe, la levadura nunca será igual que una glándula mamaria", apunta German. "Si yo vendiera volantes recubiertos de cuero, nadie diría que fabrico Ferraris".

Rouskey no cree que la leche diseñada genéticamente vaya a igualar a la leche materna, pero sí piensa que las acercará un poco. Por ahora, se centra en conseguir la financiación suficiente para probar su idea. "Esos son nuestros dos objetivos principales", indica. "Sobrevivir y producir la siguiente ronda de proteínas".

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