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Tecnologías para dar una identidad digital a los niños invisibles del mundo

Uno de cada tres niños menores de cinco años no existe oficialmente en los países en vías de desarrollo, lo que les hace vulnerables a los abusos y limita su capacidad de acceso a la educación y a la sanidad. La tecnología puede cambiarlo

  • por Seth Berkley | traducido por Teresa Woods
  • 15 Mayo, 2017

Las identidades digitales se han convertido en una parte integral de la vida moderna, pero las cosas como los pasaportes biométricos, los historiales médicos digitales o incluso Apple Pay en realidad sólo nos ofrecen formas más rápidas, fáciles o a veces más inteligentes de acceder a servicios que ya están disponibles.

La historia es distinta en los países de vías de desarrollo. Allí, las tecnologías de identidades digitales pueden tener un profundo impacto en la vida de la gente al permitirle acceder por primera vez a servicios básicos e incluso vitales.

Esta diferencia hace que las mencionadas tecnologías se hayan convertido en una potente herramienta para resolver un abanico de problemas como lograr lo que Naciones Unidos denomina el Objetivo de Desarrollo Sostenible 16. Su misión es que todos los 193 países miembros garanticen que todos sus ciudadanos dispongan de una forma legal de identificación para 2030. El objetivo consiste en salvaguardar los derechos de millones de personas marginadas o desfavorecidas al proporcionarles acceso a cosas que a menudo damos por sentadas en el primer mundo, como la educación, los servicios sanitarios y la capacidad de votar.

El reto es que en los países pobres cada vez más personas viven fuera del sistema oficial, invisibles para los, a menudo arcaicos, métodos para certificar nacimientos, fallecimientos y matrimonios, que aún dependen del papel. Uno de cada tres niños menores de cinco años no existe oficialmente porque su nacimiento no fue registrado. Incluso aunque hayan sido registrados, muchos no disponen de pruebas de ello en forma de certificado de nacimiento. Esto puede tener un impacto a largo plazo en la vida de los niños, dejándoles vulnerables ante el abandono y los abusos.

Ante esta situación, resulta difícil comprender cómo cumpliremos con el plazo del Objetivo de Desarrollo Sostenible 16 sin una solución radical. Lo que necesitamos son nuevas y asequibles tecnologías de identificación digital capaces de operar en entornos con escasos recursos, por ejemplo, sin un fiable eléctrico suministro. Pero también deben ser capaces de superar los enfoques actuales para llegar a todos, tanto si viven en aldeas remotas como en barrios urbanos marginales.

Tales tecnologías están empezando a aparecer gracias a los esfuerzos por ampliar la cobertura de vacunación infantil global, con ensayos a pequeña escala en África y Asia. Ahora, el 86% de los bebés del mundo tiene acceso a una inmunización periódica, con la que reciben las tres dosis de la vacuna contra la difteria, la tos ferina y el tétanos. Las ventajas de crear un sistema con un alcance tan amplio son obvias.

Estos sistemas fueron diseñados para ayudar a la Organización Mundial de la Salud, a UNICEF y a mi organización, Gavi, the Vaccine Alliance, a cerrar la brecha del 14% de los niños restantes. Pero también pueden ser empleados para ayudarnos a cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 16.

Un sistema llamado MyChild ayuda a los países a realizar la transición desde el papel a lo digital. A primera vista parece la típica libreta de papel en la que los trabajadores apuntan detalles del historial médico del niño, como las vacunas, el desparasitamiento o los suplementos nutricionales. Pero cada libreta contiene un número de identificación único y sus hojas se arrancan fácilmente para ser recopiladas y escaneadas. Esto significa que incluso cuando el nacimiento de un niño no se registra, dispone de un historial digital único durante toda la niñez. Desarrollado por la start-up sueca Shifo, este sistema ha sido empleado para registrar más de 95.000 bebés en Uganda, Afganistán y Gambia, lo que ha permitido a los profesionales médicos realizar un seguimiento en persona o mediante recordatorios enviados por móvil a los padres.

Otro sistema, llamado Khushi Baby, carece totalmente de papel y consiste en proporcionar a cada niño un collar digital que contiene un número de identificación único en un chip de comunicaciones de campo cercano. Este collar puede ser escaneado por los profesionales sanitarios comunitarios mediante un móvil, para que puedan actualizar el historial médico digital del niño incluso en zonas remotas sin cobertura móvil. Se han realizado pruebas de este sistema en 100 aldeas del estado indio de Rajastán para rastrear más de 15.000 eventos de vacunación.

Una organización llamada ID2020 está explorando el uso de tecnologías de cadena de bloques para crear un acceso a una identidad única para las personas que todavía carecen de una.

Otras soluciones de identificación digital en desarrollo incluyen aquellas que emplean el reconocimiento biométrico del iris. Puede que al principio las soluciones de alta tecnología parezcan exageradas, pero merece la pena recordar que no sería la primera vez que una tecnología da el salto a los países en desarrollo. La falta de infraestructuras existentes en algunos países pobres puede hacer que el despliegue de tecnologías totalmente nuevas sea ideal en muchos sentidos. Lo hemos visto en África, donde los móviles han superado rápidamente a las líneas de teléfono fijo, y después con la adopción del sistema de pagos móviles M-pesa en lugar del sistema bancario tradicional. Hoy, M-pesa mueve el 44% del PIB de Kenia.

Con las identidades digitales, las apuestas son más altas. Al igual que cualquier tecnología de identidad digital, la seguridad, fiabilidad y privacidad son primordiales. Pero dados los potenciales beneficios, este tipo de tecnologías podría transformar las vidas de millones de los niños más vulnerables. Y al dotarles de visibilidad en el mundo digital, podemos ayudar a impedir una vida de invisibilidad en el mundo real.

*Seth Berkley es CEO de Gavi, la Alianza por las Vacunas, y anteriormente trabajó en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos y en la Fundación Rockefeller. Después, se convirtió en fundador, presidente y CEO de la Iniciativa Internacional de Vacunas contra el SIDA. En 2009, fue nominado por Sergey Brin como una de las 100 personas más influyentes del mundo de la revista 'Time'.

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