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Negocios

Los drones que reparten salud, vida y esperanza desde los cielos de Ruanda

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Zipline ha establecido un servicio de entrega aérea de sangre y plaquetas en el país que acelera los repartos, que suelen hacerse por carretera en viajes de entre seis y ocho horas. La comunidad asegura que el proyecto ya está ayudando al país, aunque nadie sabe cuánto le está costando

  • por Jonathan W. Rosen | traducido por Teresa Woods
  • 16 Junio, 2017

Antes de poder verlo ya se escucha su zumbido, gimiendo como un mosquito sobre los jardines del Hospital del distrito de Kabgayi en Ruanda. Tras emerger de la niebla, a unos 30 metros de altitud, la aeronave vuelve a desaparecer rápidamente, dando vueltas que describen un patrón ovalado mientras desciende hasta una altitud lo suficientemente baja como para hacer su entrega. Después de un momento en silencio, vuelve a alzar el vuelo para sobrevolar el tejado de la sala de urgencias del Hospital  Kabgayi donde deja caer su carga, que se deposita en la acera de entrada con un ruido sordo. En el suelo hay un contenedor de cartón rojo, del tamaño aproximado de una caja de zapatos, atado a un paracaídas de papel y cinta biodegradable. Puede que el dispositivo parezca salido de un proyecto de arte infantil, pero su contenido salva vidas. En su interior hay dos unidades de sangre humana, que pronto serán utilizadas en transfusiones durante cirugías o partos complicados, o para tratar a jóvenes víctimas de la malaria.

Las bolsas de plástico que contienen la sangre son uno de los primeros productos comerciales entregados por dron en la historia, y forman parte de una acuerdo entre el Gobierno ruandés y Zipline, una empresa de robótica de Silicon Valley (EEUU), que comenzó a realizar entregas de sangre a Kabgayi a finales de 2016. El servicio, que ahora realiza entregas a siete de las 21 instalaciones planificadas, todavía se encuentra en su infancia. Sin embargo, ya está generando impacto. En el pasado, el personal del hospital tenía que recorrer en coche los 60 kilómetros hasta la capital, Kigali, tres veces por semana, para obtener productos sanguíneos. Cada viaje requería entre tres y cuatro horas para cada trayecto. Y las emergencias requerían viajes extra, y a veces sufrían retrasos que arriesgaban las vidas de los pacientes.

Pero gracias a los drones repartidores, un técnico de laboratorio de Kabgayi sólo tiene que teclear una orden en un smartphone y el centro de distribución de Zipline, ubicado a cinco kilómetros del hospital, envía los suministros en 15 minutos. "Antes, disponer de sangre cuando se necesitaba era un problema serio", recuerda el cirujano que fue el director médico de Kabgayi hasta febrero, Espoir Kajibwami. En casos de emergencia, explica, el centro tenía que enviar a los pacientes al hospital de referencia nacional en Kigali en lugar de esperar a que llegase la sangre.

Las entregas de sangre de Zipline llegan en un momento de gran actividad en el mundo del comercio habilitado por el drones. El pasado mes de diciembre, tres años después de que Amazon anunciara su servicio Prime Air, la compañía realizó su primera entrega comercial por dron a una granja en una zona rural de Inglaterra (Reino Unido). El mes anterior, la cadena de tiendas de conveniencia 7-Eleven completó 77 entregas de pizza y medicamentos sin receta con aeronaves no tripuladas a clientes en Reno, Nevada (EEUU). UPS, que ha ayudado a financiar las operaciones de Zipline a través de una subvención de casi un millón euros concedida por su fundación caritativa, utilizó un dron para entregar un paquete en febrero, que fue lanzado desde la parte superior de uno de los emblemáticos camiones marrones de la empresa. El fabricante de aeronaves no tripuladas del proyecto de 7-Eleven, Flirtey, también ha repartido medicamentos por drones en regiones los Montes Apalaches (EEUU) con servicios escasos. Otra empresa estadounidense, Matternet, ha realizado vuelos de prueba en colaboración con UNICEF para entregar kits de pruebas de VIH para bebés en Malawi.

Pero es Zipline, cuyas aeronaves de ala fija que tienen un alcance mayor y son más resistentes al mal tiempo que los modelos multicópteros más comunes, es la primera empresa del mundo que ofrece un servicio regular de reparto de productos médicos de emergencia.

Fundada en 2011 bajo el nombre Romotive, la compañía empezó a ganar fama por Romo, una mascota robótica basada en el iPhone. Después, su CEO, Keller Rinaudo, decidió buscar un producto que tuviera un mayor impacto social. En seguida, él y los otros cofundadores de Zipline, William Hetzler y Keenan Wyrobek, se pusieron a investigar el mundo en vías de desarrollo para aprender cómo la logística basada en drones podría ayudar a salvar vidas.

Foto: Un técnico de Zipline utiliza un mecanismo de catapulta para lanzar un dron que entregará bolsas de sangre al Hospital Kabgayi. Una vez que se encuentre encima del hospital, el dron dejará caer su paquete con paracaídas.

En dos viajes separados a Tanzania en 2014, Rinaudo y Hetzler, que habían trabajado juntos como estudiantes de primer año de la Universidad de Harvard (EEUU) en la construcción de un rocódromo en el campus, se reunieron con un investigador que trabajaba con una ONG local que había desarrollado un sistema de monitorización sanitario basado en mensajes de texto. A través de una red de trabajadores comunitarios de salud, el proyecto rastreó cientos de emergencias de salud en todo el país, como mordeduras de serpiente, posibles casos de rabia y graves hemorragias posparto. Y descubrieron que llegar a tiempo a pacientes en lugares remotos podía ser prohibitivamente caro o logísticamente imposible.  Hetzler, de 30 años, afirma: "Tenemos esta base de datos llena de trágicas historias humanas. La pieza obvia que faltaba era una manera de responder rápidamente a esa demanda y llevar el producto a un lugar de difícil acceso". Cuando los emprendedores volvieron de sus viajes, se sentían capaces de construir justo eso.

Bajo la dirección técnica de Wyrobek, los ingenieros de Zipline se pusieron a trabajar en el desarrollo de una aeronave con motores eléctricos gemelos capaces de transportar una carga útil de 1,5 kilogramos y operar en casi cualquier clima. A medida que avanzaba la tecnología, Ruanda se alzó como el lugar ideal para probar la idea de Zipline. Al igual que Tanzania, su vecino al este, el pequeño país de África oriental cuenta con una población predominantemente rural que está plagada por retos de transporte. Los accesos a la mayoría de los 478 centros de salud de Ruanda, y a muchos de sus 35 hospitales de distrito, dependen de caminos mal pavimentados, que a menudo se adentran serpenteando en las famosas "mil colinas" y resultan difíciles de transitar durante la temporada de lluvias. A diferencia de Tanzania, Ruanda es compacto: con 12 millones de habitantes concentrados en un área del tamaño de Galicia (España), es el país más densamente poblado del continente africano. Esto significa que los drones de Zipline, con una autonomía de vuelo de 150 kilómetros, podrían dar servicio a casi la mitad del país desde un único emplazamiento de lanzamiento.

La idea de Zipline despertó el interés de las autoridades ruandesas, incluido el organismo de aviación civil del país que modificó las regulaciones vigentes para permitir la operación de sus drones. A mediados de 2016, Zipline firmó un acuerdo con el Gobierno ruandés para construir un centro de distribución cerca de la ciudad de Muhanga.

Foto: El técnico de laboratorio Prosper Uzabakiriho recoge un paquete de sangre entregado al Hospital Kabgayi tras ser lanzado en paracaídas de papel desde un dron de Zipline.

Este emplazamiento, situado en la cima de una colina, ahora es conocido como 'el nido'. Se trata de una parcela cercada con una carpa blanca de estilo circense que alberga una instalación de almacenamiento de sangre, 13 drones (apodados "zips") y una pequeña plantilla de jóvenes estadounidenses y ruandeses. En un lado de la carpa, dos lanzadores de acero inoxidable, enfrentados entre sí para tener en cuenta los vientos cambiantes, emplean un sistema de poleas elásticas para catapultar los drones de 12 kilogramos al aire a 84 kilómetros por hora. Al otro lado, dos esteras inchables marrones amortiguan el aterrizaje de los zips a su regreso. Cuando los drones están el aire, sobrevolando un ondulante paisaje salpicado de plataneros, campos de mandioca y casas con tejados de teja, un operador supervisa su recorrido desde un iPad, manteniéndose en constante contacto con el control del tráfico aéreo en Kigali. Todas las rutas, que fueron desarrolladas a partir de un mapa de satélite tridimensional seguido por detallados levantamientos terrestres manuales, se preprograman por navegación cinemática en tiempo real por satélite, que junto con un sistema de navegación inercial permite que la carga caiga dentro de un área objetivo de cinco metros de diámetro. "La precisión es extremadamente importante", afirma Hetzler, y señala que si las entregas fueran menos precisas, los paquetes podrían ir a parar a tejados, árboles u otros lugares inaccesibles que podrían echar la operación por tierra. Añade que la empresa está desarrollando una tecnología que automatizará el proceso de levantamiento de tierra.

Los planes de Zipline para Ruanda incluyen ampliar sus servicios a una amplia gama de productos médicos, como vacunas antirrábicas de emergencia; medicamentos para tratar el VIH, la tuberculosis y la malaria; anticonceptivos y kits de pruebas diagnósticas. Pero la sangre era el punto de arranque más lógico. Después de todo, tiene una vida útil de tan solo 42 días, debe mantenerse refrigerada y normalmente se necesita con urgencia.

El Ministerio de Salud de Ruanda almacena sangre en un centro nacional radicado en Kigali y cuatro depósitos regionales en todo el país. Las 58 instalaciones equipadas para manejar transfusiones de sangre, principalmente hospitales, mantienen un pequeño inventario de tipos de sangre comunes y deben reabastecerse continuamente. A veces el inventario disponible es suficiente para las transfusiones de emergencia. Pero a menudo no lo es, especialmente si el paciente tiene un tipo sanguíneo menos común. En estos casos, la instalación debe remitir al paciente o recoger la sangre en coche, moto o camión.

Uno de los grupos más vulnerables a los retrasos en la entrega de sangre son las mujeres embarazadas. Aunque la tasa de mortalidad materna en Ruanda ha disminuido en más de dos tercios desde 2000, gracias al aumento del uso de anticonceptivos y una reducción de alumbramientos en el hogar, las complicaciones del parto siguen siendo una de las principales causas de muerte. La Organización Mundial de la Salud calcula que Ruanda sufre una muerte materna por cada 344 nacidos vivos, 20 veces la tasa de Estados Unidos y 97 veces la tasa de los países europeos con mejores resultados. Más de la mitad de las muertes maternas se producen después del parto, y el 26%son el resultado de una hemorragia. Un acceso más rápido y fiable a la sangre podría ayudar a reducir esta cifra, junto con las vidas perdidas por accidentes y la anemia inducida por la malaria, que es común en niños pequeños.

Kabgayi, uno de los hospitales más grandes de Ruanda, necesita más sangre que la mayoría. Las instalaciones que datan de la época colonial, compuestas por varios antiguos edificios de ladrillo construidos sobre el emplazamiento de una antigua misión católica, gasta hasta 100 unidades de sangre cada mes, según el antiguo director médico del hospital Kajibwami. Aproximadamente la mitad se invierte en la sala de maternidad, que registró más de 4.600 nacimientos en 2016. El gran volumen de pacientes del hospital quedó patente durante una mañana de febrero por la multitud sentada en bancos de madera en su sala de recepción al aire libre: Coloridos vestidos estampados, hombres con chaquetas deshilachadas, escolares uniformados e incluso un pequeño grupo de prisioneros vestidos con monos rosas ​​y anaranjados.

Foto: Un técnico de Zipline lleva uno de los drones de la empresa. 

Foto: El dron es supervisado mientras recorre su ruta preprogramada de vuelo. 

Foto: Transportando agua cerca de Kigali.

Aunque muchos pacientes de Kabgayi vienen desde aldeas difíciles de alcanzar, el propio hospital, que se encuentra muy cerca de una carretera pavimentada y bien mantenida, no es de difícil acceso. Las instalaciones también están lo suficientemente cerca del centro de distribución de Zipline para que las entregas por dron tengan mucho sentido (excepto para sus planes de escalar su servicio para incluir otros hospitales). La empresa pensó que aunque sus drones no funcionaran correctamente, elegir Kabgayi como emplazamiento inaugural aceleraría las entregas de sangre con camiones. Sin embargo, la mayoría de las instalaciones que Zipline tiene planes de abordar son considerablemente más remotas. El personal del hospital del distrito de Muhororo, donde está la segunda instalación piloto de Zipline, recibió su primera entrega por dron a finales de febrero. Pero en este sitio podría ser necesario pasar un día entero luchando con caminos de tierra y el derrumbamiento ocasional para abastecerse de sangre.

"La precisión es extremadamente importante".

Cofundador de Zipline William Hetzler

El impacto de Zipline es difícil de medir. La dificultad para acceder a la sangre no es el único factor que limita la eficacia de la atención sanitaria: los médicos y otros tipos de personal calificado escasean, y muchos pacientes tienen problemas para llegar hasta las instalaciones médicas. La mayoría de las mujeres embarazadas planean dar a luz en instalaciones sanitarias menos equipadas y más remotas que normalmente carecen de médicos o de capacidades de practicar transfusiones de sangre. Los partos complicados, por lo tanto, generalmente se transfieren a los hospitales, un proceso que puede provocar retrasos críticos en el tratamiento para los cuales los drones no tienen respuesta.

Ruanda es un estado altamente autoritario, así que pocos se atreven a criticar abiertamente al Gobierno y sus programas. Sin embargo, muchos de los que han oído hablar del proyecto en privado se muestran escépticos y se preguntan por qué las autoridades están invirtiendo en aparatos de alta tecnología sin garantías cuando la demanda de elementos básicos como ambulancias y trabajadores de salud sigue siendo mayor que la oferta. Para algunos críticos, el beneficio más importante del proyecto podrían ser las buenas relaciones públicas que generará, lo cual distraerá del deterioro de los derechos humanos del Gobierno ruandés y de los agudos niveles de pobreza en gran parte del país. Ruanda, que depende en gran medida de la ayuda exterior, se ha autopromocionado durante mucho tiempo como un centro regional de tecnología e innovación, una idea que sigue siendo más una aspiración y una estrategia para generar el interés externo que un reflejo de la realidad actual.

Foto: Un técnico de Zipline revisa un dron durante las preparaciones de vuelo. 

Foto: Prosper Uzabakiriho inspecciona una bolsa de sangre después de extraerla de su caja de entrega de cartón de la calzada de entrada al Hospital Kabgayi.

Foto: Tras recibir un pedido, el personal de Zipline comprueba la sangre, su envoltorio y un paracaídas hecha de papel y cinta biodegradable antes de cargar el dron con él en preparación para el vuelo de cinco kilómetros hasta el hospital.

El hecho de que no se quiera divulgar el coste del proyecto no es de gran ayuda. El Gobierno de Ruanda paga a Zipline un precio fijo por cada entrega, con una garantía mínima de volumen, pero se niega a difundir los términos exactos del acuerdo. Hetzler reconoce que las entregas por dron, de momento, resultan más caras que los repartos por carretera. Aun así, defiende que el coste compensará si Zipline consigue establecer una cadena de suministro mucho más ágil, tanto para la sangre como para productos menos perecederos como medicamentos. Gracias a ella, se reduciría la necesidad de almacenar artículos en determinadas instalaciones, lo que minimizaría los desperdicios y mejoraría el mantenimiento de existencias. Como regla general, los costes por entrega deberían disminuir a medida que aumente el volumen de vuelos. El profesor de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad de Johns Hopkins (EEUU) Bruce Y. Lee,  que dirigió un equipo de investigación el año pasado que simuló una cadena de suministro de vacunas basada en drones en Mozambique, afirma que los drones "tienen un gran potencial para disminuir los costes y aumentar el cumplimiento de la demanda ", en función de la frecuencia de los vuelos, las distancias recorridas y la velocidad de los viajes por carreteras locales.

En el caso de Zipline, una mejor logística también significa que las instalaciones pueden acceder a productos con vidas útiles más cortas y requisitos especiales de almacenamiento. Además de las unidades de sangre de todos los tipos sanguíneos, el servicio de Zipline ya ofrece plaquetas y plasma congelado y crioprecipitado. Todos ellos promueven la coagulación de la sangre y hasta la llegada de Zipline estaban infrautilizados porque resultan demasiado difíciles de almacenar en los centros de salud.

Así que el impacto global de la empresa tardará un tiempo en salir a la luz. Después de lanzar las operaciones que dan servicio a Muhororo y cinco emplazamientos adicionales, la empresa sigue trabajando para lanzar entregas por dron a las otras 14 instalaciones planeadas antes de que acabe el año. Además de introducir nuevos productos, Zipline construirá un segundo centro de distribución al este del país. Esta medida, combinada con sus drones de futura generación que tendrían un mayor alcance, le permitiría abarcar Ruanda al completo.

Foto: La sala de espera al aire libre del Hospital Kabgayi, uno de los hospitales de distrito más grandes de Ruanda

Foto: Unos niños juegan al fútbol en un campo situado en lo alto de una colina con vistas a Kigali..

Zipline tiene otros países en su punto de mira. Según Hetzler, una "larga lista" de gobiernos ha expresado interés en la tecnología de Zipline, y la empresa ya ha trazado acuerdos con el Ministerio de Defensa y Autoridad de Aviación Civil de Tanzania que le permitirían establecerse allí. Para financiar su expansión, Zipline recaudó casi 23 millones de euros el verano pasado, lo que elevó su capital total a 38,5 millones de euros. Sin embargo, está escogiendo cuidadosamente sus próximas ubicaciones, dando prioridad a los países que ofrecen una oportunidad de impacto social y están dispuestos a realizar los cambios regulatorios necesarios y hacer un firme compromiso financiero. A más largo plazo, Zipline también tiene pretensiones de operar en países más ricos, incluido Estados Unidos, donde las regulaciones actualmente solo permiten vuelos de dron que se mantengan dentro de la línea de visión de un operador remoto salvo casos de revisión especial.

De vuelta al Hospital Kabgayi, los trabajadores sanitarios aseguran que el servicio ya ha ayudado. Dentro del moderno edificio de laboratorio, donde la sangre es refrigerada en una pequeña habitación con paredes alicatadas, Prosper Uzabakiriho, un técnico de laboratorio con una larga bata blanca, dice que reducir los largos viajes por carretera a Kigali ha permitido que muchos pacientes reciban tratamiento mucho antes y ha liberado tiempo del personal para desempeñe sus funciones. En el momento de mi visita, a mediados de febrero, la instalación recibía unas 11 entregas semanales y dependía totalmente de Zipline para productos sanguíneos durante las horas normales de trabajo. A finales de mayo, la cifra había subido a 20 por semana, incluyendo entregas de fin de semana. La Autoridad de Aviación Civil de Ruanda todavía no ha dado su aprobación para que Zipline opere por la noche, por lo que el Hospital de Kabgayi seguirá necesitando a su antiguo proveedor de sangre en Kigali para emergencias fuera del horario comercial. (Según el Ministerio de Salud de Ruanda, los cinco depósitos de sangre existentes en el país, que también sirven como centros de donación de sangre, seguirán funcionando incluso aunque que se amplíen las operaciones de Zipline).

El cirujano Kajibwami reconoce el mérito al servicio que le ayudó a responder a un caso especialmente urgente: una mujer que sufrió una hemorragia después de una cirugía para extirparle un embarazo ectópico. La operación posterior, que requirió una histerectomía parcial, necesitó seis unidades de sangre, más de lo que disponía el Hospital Kabgayi en ese momento, por lo que se hizo una llamada urgente a Zipline. El médico no puede afirmar si la paciente habría muerto en otras circunstancias. Sin embargo, está agradecido por la oportuna entrega. El médic concluye: "Estaba muy mal. Habría sido muy difícil manejarlo".

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