No suelo ser de esas personas que pagan por que les limpien la casa. Miro demasiado el dinero y, además, disfruto poniéndome un pódcast y frotando a fondo la bañera con un borrador mágico. Pero cuando vi una publicación en X sobre un nuevo servicio de limpieza con robots humanoides en San Francisco, me apunté de inmediato a la lista de espera. Quería que mi piso pareciese sacado de Los Supersónicos, aunque solo fuera durante una hora.
También me motivaba el interés periodístico. Para garantizar una experiencia auténtica, no le dije a Tau Robotics, la startup responsable de la publicación en X, que era periodista; aunque sí utilicé mi nombre real, por lo que es posible que alguien me buscase en internet. El objetivo a largo plazo de Tau es hacer realidad los robots de limpieza autónomos, pero todavía no han llegado a ese punto: por ahora, los robots son pilotados a distancia por humanos que observan lo que ocurre mediante cámaras instaladas en la cabeza y en las muñecas de los autómatas. A medida que limpian, recopilan datos que Tau utilizará para entrenar a sus descendientes más independientes. Cada encimera limpiada con éxito y cada camiseta bien doblada ayudarán a que los modelos que impulsan a los robots aprendan a desenvolverse mejor en la siguiente ocasión.
Como estos datos son tan valiosos para Tau, la empresa cobra por la limpieza menos de lo que cabría esperar de un producto tan puntero. Cuando hice la reserva, Tau ofrecía una hora de limpieza con un solo robot por 30 dólares; ahora la tarifa es de 60 dólares por limpieza semanal con dos robots, o de 100 dólares por una visita puntual. Pero incluso con la tarifa más económica de 30 dólares por hora, los robots de Tau no son ninguna ganga. Son minuciosos pero lentos, así que si a ti, como a mí, te tienta quedarte mirándolos durante toda su visita, probablemente aprovecharías mejor el tiempo encargándote tú mismo de la limpieza.
Pero los robots son físicamente capaces de limpiar y son innegablemente adorables. Tau ha equipado a cada robot, de 1,35 metros de altura, con una «cabeza» impresa en 3D con antenas que le permiten comunicarse con la sede de Tau, así como con dos «manos» en forma de garra impresas en 3D (al parecer, las alternativas más humanoides no son lo bastante duraderas, y las garras funcionan sorprendentemente bien para la mayoría de las tareas de limpieza). El mío llevaba una camiseta de Tau Robotics y calcetines antideslizantes para no rayar los suelos de madera.
Con todo el apoyo humano que necesitan, los robots se parecen más a coches teledirigidos que a los Waymo. Muchas tareas, como hacer la cama y doblar la ropa, requieren lo que se conoce como guiado cinemático: el piloto humano realiza los movimientos necesarios y los sensores transmiten esos movimientos al robot, que los replica. Estas tareas guiadas cinemáticamente generan datos de entrenamiento especialmente valiosos. Puede que los modelos de IA de Tau aún no hayan resuelto el doblado de ropa, pero aprender de los ejemplos de robots que han completado la tarea en el mundo real es el camino para lograrlo.
Pero, según la cofundadora de Tau, Cornelia Weinzierl, a quien confesé que era periodista unas semanas después de la limpieza, el robot ya puede realizar algunas otras tareas —como aspirar y fregar— sin ningún tipo de ayuda humana. Si Tau logra utilizar todos los datos que recopila para entrenar robots de limpieza verdaderamente autónomos, estos podrían convertirse incluso en la nueva atracción turística tecnológica de San Francisco a medida que los Waymo se vuelven más habituales en todo el país.
El robot de limpieza que vino a mi edificio el mes pasado ya era todo un espectáculo. Llegó en una furgoneta azul, de la que le ayudaron a bajar Weinzierl y otro empleado de Tau. Fue entonces cuando el robot se topó con su primer obstáculo: los ocho escalones que conducían a la puerta principal del edificio. Yo había bajado a recibir a Weinzierl y al robot, así que tuve un asiento en primera fila para presenciar sus dificultades con los escalones. Subía como si estuviera borracho. Era igual de probable que a cada peldaño superado con éxito le siguiera un tambaleo hacia atrás que echaba por tierra todo su avance —aunque, sorprendentemente, nunca llegó a perder el equilibrio por completo—.
Más tarde, al comentar mi experiencia con Weinzierl, ella me explicó que el robot a veces camina de forma extraña porque se maneja en remoto desde la sede de Tau, y el pequeño retardo en la transmisión de la señal puede afectar a su coordinación. «La cantidad de trabajo y tiempo que dedicamos simplemente a optimizar, por ejemplo, los tiempos y la conectividad es una locura», afirmó.
Una vez dentro, la escalera enmoquetada que subía a mi piso superó por completo al robot, y Weinzierl tuvo que subirlo a pulso los últimos peldaños. Resultó que esto no era lo habitual. Mientras limpiaba, el robot se detenía una y otra vez, algo que Weinzierl atribuyó a un sobrecalentamiento provocado por un calor impropio de la época... hasta que un compañero le comunicó que las altas temperaturas no habían apagado el robot, sino el equipo que utilizaba su operador humano para seguir sus avances por mi piso. Sin asistencia remota, el robot no podía limpiar, de modo que tanto él como Weinzierl se marcharon antes de que concluyera la hora que había reservado. (En septiembre, Weinzierl u otro representante de Tau se quedaban con el robot durante toda la visita, pero ella asegura que ya no es necesario).
Sin embargo, no puedes ponerle pegas a Tau en atención al cliente. Weinzierl me escribió enseguida por correo electrónico para disculparse, no cobrarme la visita y ofrecerme otra gratis (al margen del valor que yo le dé a la privacidad de mis datos); y todo eso antes de decirle que soy periodista. Programé la siguiente limpieza para un mes después, tras un par de viajes fuera de la ciudad, y fue mucho mejor: el robot subió mis escaleras sin apenas ayuda, aunque todavía con ese tambaleo de borracho. Durante la hora que estuvo allí, hizo un trabajo bastante digno limpiando mi cocina (aunque no se atrevió con los fogones) e incluso me libró de mi tarea doméstica más temida: el váter. Esa fue su actuación más impresionante: el cabezal de la escobilla del váter se le cayó tres veces, y las tres logró volver a encajarlo tanteando con el mango hasta hacer contacto justo en el ángulo adecuado.
El robot aún tiene detalles por pulir, algo previsible en un producto en fase beta. En repetidas ocasiones dejó los grifos goteando, tiró una botella (cerrada) de aceite de oliva y no fue capaz de volver a poner de pie un purificador de aire que había volcado. Sin embargo, le perdoné fácilmente todos esos tropiezos por lo encantador que resultaba. Al verle limpiar la encimera, sentí la misma cálida gratitud que siento cuando un Waymo me lleva sano y salvo a casa después de salir por la noche.
Aun así, no todo son tropiezos cómicos y anécdotas simpáticas. Si Tau Robotics o sus competidores logran entrenar robots para limpiar de forma autónoma y económica, muchas personas podrían perder su sustento, y Estados Unidos está muy lejos de implementar políticas para proteger a quienes se queden sin empleo a causa de la IA.
Pero Weinzierl sostiene que, algún día, delegar las tareas de limpieza en robots podría tener mucho sentido. «La limpieza no es un trabajo que mucha gente quiera hacer realmente de forma activa: hay una alta rotación y un riesgo elevado de sufrir lesiones», afirmó cuando hablamos tras las limpiezas. «Necesitamos gente, no la tenemos y nadie quiere hacerlo». Añadió que la empresa también está empezando a plantearse desplegar algún día los robots para otros trabajos peligrosos o físicamente exigentes, como la eliminación de moho y la atención sanitaria a domicilio.
A Tau Robotics todavía le queda un largo camino por recorrer: la cantidad de datos necesaria para entrenar a los robots en las variadas y complejas tareas de la limpieza de un apartamento es probablemente enorme, y hasta la fecha la empresa solo ha completado un par de cientos de limpiezas. Pero resulta sorprendente que ya existan robots humanoides capaces de limpiar tus inodoros y fregar tus suelos, aunque aún necesiten bastante ayuda humana para lograrlo. Los Supersónicos ya no parecen quedar tan lejos.
