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Innovadores menores de 35

Emprendedores

Conoce a los jóvenes que intentan transformar las innovaciones en negocios disruptivos

Daniel Wiegand (Alemania), 31

Lilium

Sus aviones capaces de despegar en vertical podrían convertirse en los taxis del futuro para evitar los atascos

La start-up Lilium ha desarrollado el primer avión eléctrico del mundo capaz de despegar en vertical. Tras un exitoso vuelo inaugural, los ingenieros que lo han creado están trabajando en una versión más grande que servirá como aerotaxi.

El avión ya es una estrella de YouTube. 1,5 millones de usuarios vieron cómo el primer avión eléctrico de despegue vertical se echó al cielo y realizó complejas maniobras sin contratiempos y sin grandes ruidos desde un aeródromo en Mindelheim en Bavaria (Alemania). ¿Marcará este vuelo inaugural el principio de una nueva era de la aviación?  Tal vez, y es ese potencial el que ha convertido al CEO  de la empresa, Daniel Wiegand, en uno de los ganadores de Innovadores menores de 35 Europa 2017 de MIT Technology Review en español.

Este avión con forma de huevo podría hacer realidad el sueño de disponer de pequeños aviones capaces de sobrevolar los atascos. "Las aeronaves eléctricas con capacidad de despegue y aterrizaje vertical (VTOL, por sus siglas en inglés) como esta revolucionarán el transporte", asegura Wiegand. En el colegio, este emprendedor de 31 años de edad ganó el primer premio de la competición juvenil de ciencia Jugend forscht con un ala aerodinámica. Después estudió ingeniería y tecnologías de propulsión en la Universidad Tecnológica de Múnich (Alemania) tras llevar operando planeadores desde los 14 años. Ahora, quiere abrir el espacio aéreo a todo el mundo con aeronaves que operan como taxis. El joven afirma: "En el futuro, reservaremos un viaje en avión eléctrico a través de una app, y nos recogerá en el punto de despegue más próximo".

Wiegand tuvo la idea de este Uber de los cielos durante el semestre que pasó estudiando en Glasgow (Escocia). Se topó con un vídeo de un VTOL estadounidense llamado V-22 Osprey, una aeronave militar capaz de aterrizar y despegar en vertical. Wiegand quería hacer lo mismo para el transporte privado, pero sabía que la aeronave tendría que ser más silenciosa y respetuosa con el medio ambiente. Su idea sedujo a tres de sus compañeros de universidad: el alumno de ingeniería de posgrado Sebastian Born, el especialista en aerodinámica Patrick Nathen y el ingeniero mecatrónico Matthias Meiner. Desde un piso compartido, los cuatro alumnos calcularon los parámetros físicos para un vehículo aéreo personal (PAV, por sus siglas en inglés). En febrero de 2015, fundaron Lilium, nombrada así en honor al pionero aeronáutico Otto Lilienthal.

Los inversores también se han visto seducidos. Los cofundadores han recaudado unos 10 millones de euros de una lista de inversores que incluye al programa europeo de financiación de start-ups Climate-KIC Accelerators; el Centro de Incubación de Negocios de Bavaria; el fondo UnternehmerTUM de la Universidad Tecnológica de Múnich; el conocido inversor de capital riesgo Frank Thelen; Christian Reber, quien vendió su app Wunderlist a Microsoft; y el fondo de inversión del fundador de Skype, Niklas Zennström. Atomica.

Desde entonces, el equipo de Wiegand ha crecido hasta conformar una plantilla de 45. En los talleres de la sede central de la empresa de 1.500 metros cuadrados dos grandes impresoras 3D ronronean mientras fabrican piezas individuales para un modelo de avión. En un banco de trabajo, varios empleados montan motores sobre unas alas. En otra sala, el asiento de copiloto ya está siendo sometido a pruebas "para asegurar que haya bastante espacio para las piernas", detalla el CEO. Así nace un avión eléctrico de cuatro metros de largo, con dos estabilizadores horizontales en la mitad posterior de la nave y dos alas con una envergadura de siete metros y espacio para dos pasajeros.

El vídeo de YouTube muestra el vuelo. Wiegand recuerda: "Aún no tenía tripulación, porque inicialmente sólo queremos recopilar datos sobre su comportamiento en vuelo. La aeronave puede volar de forma autónoma, claro, pero no está permitido [aún]. Por eso un piloto lo controla desde tierra".

Cualquier cosa que aportara peso a la aeronave y le impidiera realizar despegues verticales fue eliminada del diseño, compuesto principalmente de fibra de carbono. Puede soportar cargas de hasta 200 kilogramos y operar a altitudes de hasta 3.000 metros con una autonomía de unos 300 kilómetros. Su creador afirma: "Las ventajas son obvias. Estamos llevando el transporte a una altura donde no molesta, y lo estamos haciendo con una aeronave eléctrica, ecológica y libre de CO2 que fijará unos estándares totalmente nuevos en cuanto a las emisiones de ruido". Y asegura que el avión no hace mucho más ruido que un camión durante los despegues y aterrizajes, y puede despegar desde un campo de 15 metros cuadrados.

Gracias a un ordenador de a bordo que se ocupa del despegue, el aterrizaje y la estabilización, el avión eléctrico resulta más cómodo y fácil de operar que un helicóptero. Sus creadores esperan lograr su aprobación regulatoria en la categoría de "Aeronave deportiva ligera", porque eso no requeriría a los operarios tener más que un permiso de piloto de ultraligero, algo relativamente fácil de obtener. El dos plazas debería llegar al mercado en 2018 y costar aproximadamente 500.000 euros. Hasta se puede reservar un avión Lilium con una fianza de 5.000 euros.

Su característica más notable es su propulsión: los motores apuntan hacia abajo durante el despegue, generando sustentación. Una vez que la aeronave alcanza suficiente altitud, los motores se giran lentamente para adquirir una posición horizontal y proporcionar empuje. Los motores funcionan de manera similar a un motor de reacción: aspiran el aire, lo comprimen y lo expulsan. Pero los motores eléctricos de alto rendimiento de Lilium, además son más silenciosos y no generan emisiones. Y son lo suficientemente ligeros y compactos para poder montar hasta 36 de ellos directamente sobre las alas. Muchos pequeños motores sobre el canto frontal de las alas aceleran el paso del aire, impidiendo así la formación de vórtices que ralenticen la aeronave. El resultado es un reducido consumo energético.

A 300 kilómetros por hora, los aviones de Lilium consumen lo mismo que un coche eléctrico, a pesar de alcanzar velocidades mucho mayores. "Un vuelo desde Manhattan al aeropuerto JFK de Nueva York [ambos en EEUU], por ejemplo, solo duraría unos cinco minutos en lugar de los habituales 55 minutos en coche", calcula Wiegand. Y aunque no quiere revelar el cálculo exacto, estima que, como mínimo, los costes energéticos reales son mucho más bajos que los de un coche unos siete euros por 100 kilómetros.

Lilium no es la única empresa que desarrolla aeronaves de despegue vertical, pero Wiegand está seguro de que la suya es la mejor. Sus aviones no requieren cajas de cambio ni refrigeración por agua ni alerones aerodinámicos, sólo necesitan motores giratorios. "Esto garantiza una operación fiable y bajos costes de mantenimiento para el sistema de propulsión", afirma.

Pero su modelo de dos plazas no es más que el principio. El equipo de Wiegand ya está desarrollando una versión de cinco plazas. "Estos tamaños tienen más sentido comercialmente", apunta el ingeniero, y añade: "Al final, nuestros aviones no están dirigidos a la venta a ricos individuos privados. Queremos que nuestra invención esté disponible en forma de taxi volador para todos". El cinco plazas de cinco metros de largo debería despegar en 2019, y empezar a aceptar pedidos anticipados en 2025.  Estas aeronaves ofrecerían un importante beneficio para los congestionados centros urbanos, pero sólo el tiempo dirá si finalmente servirán a todos los ciudadanos o sólo a los más ricos. 

- Por Joseph Scheppach