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Saiman Chow

Tecnología y Sociedad

'Smart cities', la nueva pesadilla de las personas discapacitadas

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En muchas ocasiones, las innovaciones tecnológicas que incorporan las ciudades inteligentes no han sido pensadas para una parte importante de su ciudadanía: los discapacitados. Pero una nueva ola de activistas y empresas está lanzando alternativas capaces de arreglar el problema

  • por Elizabeth Woyke | traducido por Ana Milutinovic
  • 14 Febrero, 2019

El presidente del grupo de consultoría World Enabled, Victor Pineda, viaja por el mundo dando charlas y asesorando a gobiernos sobre planificación y desarrollo urbano. Pero cuando se topa con un quiosco con pantalla táctil, se queda bloqueado. Para las personas como él, que usan sillas de ruedas y tienen un uso limitado de manos y brazos, en lugar de facilitarles la vida, este tipo de pantallas se convierten en una barrera.

Este problema está empeorando a medida que las ciudades adoptan este tipo de sistemas para sustituir a los cajeros y recepcionistas humanos. "Si un quiosco es la única opción que tengo para comprar un billete de tren, pagar un servicio u obtener información, acabo excluido de todo", explica Pineda.

Las personas con alguna discapacidad de movilidad, visión, audición y función cognitiva a menudo se trasladan a las ciudades para aprovechar sus sistemas de transporte y servicios sociales integrales. Pero la Ley de Estados Unidos no especifica cómo los municipios deben diseñar e implementar servicios digitales para personas con discapacidad. Como resultado, las ciudades a veces adoptan nuevas tecnologías que pueden terminar causando problemas de accesibilidad en lugar de resolverlos.

El lugar donde este problema resulta más evidente es en los quioscos LinkNYC de la Ciudad de Nueva York (EE.UU.) que se instalaron en 2016 sin incluir instrucciones en formato audible ni la función de leer la pantalla (ver Los quioscos inteligentes se están convirtiendo en el cerebro de la ciudad del futuro). Poco después de su instalación, la Federación Americana para Ciegos demandó a la ciudad. El caso se resolvió en 2017 obligando a actualizar los quioscos, pero Pineda sostiene que, en general, las pantallas táctiles aún no son completamente accesibles para las personas discapacitadas.

Otro punto problemático son las aplicaciones basadas en redes sociales que algunos gobiernos municipales usan para solicitar comentarios de los residentes. Las personas ciegas y con visión reducida generalmente no pueden usar estas aplicaciones, y las personas mayores de 65 años tienen menos probabilidades de hacerlo, alerta el vicepresidente de la organización sin ánimo de lucro G3ict, James Thurston, que promueve tecnologías accesibles de información y comunicación. "Las ciudades pueden pensar que están obteniendo datos de todos sus residentes, pero si esas aplicaciones no son accesibles, están dejando de lado las voces de grandes fragmentos de su población", explica.

Margen de mejora

La emprendedora tecnológica Adriana Mallozzi, que vive en Boston (EE.UU.), asegura que, aunque ama la ciudad, se siente frustrada cuando ve tecnologías sin explorar que podrían ayudar a las personas como ella. Igual que Pineda, Mallozi va en silla de ruedas y tiene problemas para usar sus manos y brazos. Entre las dificultades que se encuentra, destaca los botones que las ciudades instalan junto a las puertas para abrirlas y los que hay en los cruces para activar las señales. La emprendedora detalla: "Muchos botones están colocados de forma extraña. Para poder activarlos tendría que dar una patada en un lugar muy específico, y en cualquier caso, a menudo están bloqueados por cosas como las plantas decorativas, por lo que no puedo acercarme lo suficiente para pulsarlos". En su opinión, una app ofrecería una forma mejor para lidiar con esas necesidades.

Las ciudades también podrían usar la tecnología para que el transporte sea más seguro y predecible para las personas con discapacidades cognitivas, opina el presidente de la Fundación Matthew, John Blascovich, cuya organización sin ánimo de lucro intenta mejorar la vida de las personas con síndrome de Down. El responsable, cuyo hijo es portador de la mutación, explica: "Por lo general, estas personas han memorizado qué autobús deben tomar y cuántas paradas deben quedarse, pero si la ruta cambia o el autobús no funciona, tienen problemas". Por eso, le gustaría una aplicación capaz detecta los retrasos y desvíos del transporte en tiempo real que aconsejara a los usuarios, a través su teléfono, cómo manejar los cambios de ruta.

Algunas de estas tecnologías no están muy lejos. Las personas ciegas ya pueden usar el lector de pantalla de su teléfono inteligente para usar aplicaciones de transporte como Moovit. Esta app, que ayuda a planificar los viajes en transporte público, alerta a los usuarios cuando llegan los autobuses y les ofrece instrucciones paso a paso para llegar a su destino. También señala qué rutas son accesibles para sillas de ruedas.

La start-up Aira fabrica gafas inteligentes conectadas de forma inalámbrica que permiten a las personas invidentes navegar por algunos espacios interiores complejos con la ayuda de "agentes" videntes ubicados a distancia. El servicio es caro, desde unos 0,90 céntimos de euros hasta los 1,3 euros el minuto, pero está disponible de forma gratuita en algunas tiendas y en 30 aeropuertos en EE. UU., así como en el aeropuerto de Heathrow en Londres (Reino Unido).

'Smart cities' para todos

Incluso a los responsables de abordar estos problemas les cuesta saber por dónde empezar. Smart Cities for All , una iniciativa liderada por Thurston y Pineda, tiene como objetivo ayudar mediante herramientas gratuitas y descargables que las ciudades pueden usar para analizar sus tecnologías y encontrar alternativas más accesibles. Una es una base de datos de cientos de productos y servicios previamente evaluados. Ahí se encuentran Cyclomedia, que utiliza datos LIDAR para determinar cuándo las aceras de la ciudad necesitan mantenimiento, y ZenCity, una plataforma de análisis de datos que usa inteligencia artificial (IA) para indicar la opinión de las personas sobre el nivel de accesibilidad de una ciudad. 

En enero, el grupo lanzó un proyecto en colaboración con las autoridades en Chicago (EE.UU.) para evaluar el apoyo que la ciudad ofrece a las personas con discapacidades. Una parte clave del proyecto consistirá en garantizar la accesibilidad de un nuevo sistema telefónico que se está introduciendo como portal general para los servicios de la ciudad. El grupo planea expandirse a otras ciudades de EE. UU. a lo largo de este año, pero su objetivo final es convertir su trabajo en un movimiento global. La empresa ya se ha reunido con los gobiernos de la India y Brasil, así como con Sidewalk Labs, la subsidiaria de Alphabet que está desarrollando un barrio inteligente en Toronto (Canadá).

Pineda concluye: "Ningún responsable municipal dice: 'Me gustaría construir una ciudad llena de barreras que resulte muy frustrante'. Solo es una cuestión de concienciarles sobre los problemas, ofrecerles las herramientas adecuadas y ayudar a las agencias a coordinar las actividades".

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