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Islandia, que implementó las pruebas de diagnóstico al inicio de la pandemia y lanzó una aplicación de rastreo en abril, hasta ahora solo ha tenido 10 muertes confirmadas por COVID-19

Cadenas de bloques y aplicaciones

Estas fueron las claves del éxito de Islandia contra el coronavirus

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El país ha aplanado la curva de COVID-19 sin imponer medidas sociales drásticas. Para lograrlo, fue de los primeros en introducir estrategias de rastreo manual y automático de contactos, así como una política masiva y temprana de test de diagnóstico y aislamiento de los contagiados

  • por Bobbie Johnson | traducido por Ana Milutinovic
  • 18 Mayo, 2020

Cuando Islandia detectó su primer caso de coronavirus (COVID-19) el 28 de febrero, activó un aparato completo de acción. Ya había sometido a test de diagnóstico a algunas personas con alto riesgo de contraer el virus, gracias a la empresa local de biotecnología DeCode genetics. Así que cuando la llegada de la enfermedad a Islandia se confirmó, el país empezó rápidamente a realizar las pruebas de diagnóstico a una escala mucho más amplia. Además, el Gobierno no tardó en crear un equipo de rastreadores de contactos para hablar con los ciudadanos con diagnóstico positivo y localizar a las personas con las que habían estado en contacto. 

En pocas semanas, los islandeses también tuvieron a su disposición otra herramienta de alta tecnología: una aplicación de rastreo automatizado respaldada por el Gobierno.

El rastreador islandés, Rakning C-19, se lanzó a principios de abril y desde su lanzamiento fue aclamado como un modo de "facilitar el rastreo de contagios". Realiza un seguimiento de los datos de GPS de los usuarios para crear un registro de su ubicación, permitiendo a los investigadores, con autorización previa, comprobar si los diagnosticados con COVID-19 podían haber estado propagando la enfermedad. 

Su aplicación se volvió popular en seguida: según la base de datos COVID Tracing Tracker de MIT Technology Review, tiene la mayor tasa de penetración de todos los rastreadores de contactos del mundo. Hasta la fecha, la aplicación ha isdo descargada por el 38 % de la población de Islandia, que cuenta con un total de 364.000 habitantes. 

Pero a pesar de este despliegue temprano y uso generalizado, un experto de alto nivel que participa en la respuesta del país a COVID-19 asegura que el impacto real de Rakning C-19 ha sido pequeño, en comparación con las técnicas de rastreo manual como las llamadas telefónicas.

El inspector de investigación del Servicio de Policía de Islandia Gestur Pálmason que supervisa los esfuerzos de rastreo de contactos, afirma: "La tecnología es más o menos útil... no puedo decir que es inútil. Pero es la integración de los dos métodos lo que da buenos resultados. Creo que [Rakning] ha demostrado ser útil en algunos casos, pero no fue algo revolucionario para nosotros".

Límites tecnológicos

Pálmason se unió al equipo de rastreo de COVID-19 10 días después del primer caso registrado, cuando el número de positivos ya se había elevado hasta los 60. Afirma que ha habido momentos en los que los datos de la aplicación fueron útiles, pero que el impacto del rastreo automatizado ha sido exagerado por las personas que querían encontrar soluciones tecnológicas a la pandemia. Y añade: "Es comprensible, porque una aplicación es algo que se puede comprar. Pero yo dejo muy claro a todos que el rastreo manual no es menos importante".

Ese punto de vista debería servir de aviso para otros países que actualmente trabajan en sus propios servicios automatizados de rastreo de contactos. Muchos gobiernos todavía están en las primeras etapas con sus propias aplicaciones independientes, o están creando sus servicios basándose ​​en la tecnología aún inédita que Apple y Google están desarrollando.

Muchos esperan que el gran alcance de estos gigantes de Silicon Valley (EE. UU.) supere algunos de los escollos sociales y técnicos a los que se enfrentan las aplicaciones de rastreo. Pero si un país pequeño, socialmente unido y geográficamente aislado como Islandia solo puede conseguir una penetración del 38 %, eso podría sugerir que los esfuerzos en otros países tendrán dificultades para llegar al nivel de uso requerido. 

Otros factores

Aun así, Islandia ha logrado aplanar su curva del coronavirus y mantener sus brotes bajo control. El 11 de mayo tenía poco más de 1.800 casos confirmados y solo 10 muertos. Los números de casos llevan varias semanas más o menos sin cambios, y la última muerte confirmada por COVID-19 fue el 19 de abril.

Todo esto a pesar del hecho de que el país no ha introducido muchas de las políticas sociales tan drásticas vistas en otros lugares, un enfoque que ha generado algunas críticas. Aunque se ha reducido el movimiento y ha habido restricciones en el tamaño de las reuniones, las escuelas primarias e incluso algunos restaurantes seguían abiertos, con una mezcla de alejamiento social y una estrategia de "burbuja" donde las clases y los lugares de trabajo se dividen en unidades pequeñas que no interactúan entre sí.

Pálmason sugiere que lo que ha funcionado bien ha sido la acción temprana y agresiva centrada en realizar las pruebas de diagnóstico, rastrear y aislar. Y concluye: "Hemos trabajado en un modelo de colaboración con los ciudadanos. Existe una ley y podemos multar a los que no la respeten, pero no lo hemos hecho. Confiamos en los ciudadanos en que sigan las normas establecidas, y creo que ese modelo ha funcionado de maravilla".

Cadenas de bloques y aplicaciones

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