Esto la convierte en uno de los perjuicios económicos más caros de todos los efectos secundarios asociados al aumento de las temperaturas.
nA medida que el calor aumenta, la producción de los trabajadores disminuye y el rendimiento cognitivo decae dramáticamente alrededor de los 28 °C, alerta el economista especializado en el clima de la Universidad de Califo ia en Berkeley (EE.UU.) Reed Walker.
nLos científicos saben desde hace mucho tiempo que las temperaturas extremas pueden reducir la productividad y la capacidad adquisitiva, así como estimular la desigualdad, incitar a la violencia y aumentar el número de suicidios y fallecimientos. Pero este estudio se ha centrado en el coste total de la pérdida de productividad en EE. UU. en función de los aumentos de temperatura previstos para las próximas décadas, detalla el director de investigación del Centro Pardee de Futuros Inte acionales de la Universidad de Denver (EE.UU.) y uno de los coautores del informe, Brian O'Neill.
nPara compensar las temperaturas sofocantes, los trabajadores pueden cambiar sus horarios, ubicaciones, niveles y tipos de tareas, una serie de alteraciones que pueden afectar a su rendimiento y su salario.
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El efecto es particularmente pronunciado para los trabajos manuales al aire libre como la agricultura y la construcción, pero se replica incluso en fábricas u oficinas con aire acondicionado, destaca Walker. En Estados Unidos, la producción de las fábricas automotrices cae un 8 % durante las semanas con seis o más días por encima de los 32° C, según un estudio de 2012.
nHay varias estrategias que las empresas pueden llevar a cabo para intentar minimizar los efectos, como instalar aire acondicionado, cambiar el horario de trabajo y llevar una gran parte del trabajo al aire libre al interior. Ninguna de estas estrategias está incluida en la estimación de los efectos económicos, dice O'Neill. Pero la mayoría de ellas suponen gastos extra que muchas empresas no pueden permitirse o desean evitar.
nReducir las emisiones de gases de efecto inve adero podría limitar el impacto económico sobre la productividad laboral hasta en un 60 %, según la evaluación nacional.
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