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Energía

Canadá empieza a capturar carbono del aire para crear combustible neutro

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Su planta piloto quiere generar hidrocarburos neutros en carbono competitivos en dos años, pero no solucionará el problema de la contaminación

  • por Richard Martin | traducido por Teresa Woods
  • 14 Octubre, 2015

Foto: El contactor de aire de Carbon Engineering hace fluir el aire del ambiente a través de un líquido para producir una solución rica en dióxido de carbono.

El pasado viernes, un grupo de oficiales del Gobierno de Canadá, defensores del medio ambiente y líderes locales se reunieron en la ciudad costera de Squamish, Columbia Británica, aproximadamente una hora al norte de Vancouver (Canadá), para conmemorar el inicio de lo que algún día podría ser una nueva industria: producir un combustible para el transporte que sea neutro en carbono a partir del dióxido de carbono capturado del aire.

La empresa que construyó la planta, Carbon Engineering, fue fundada por un científico canadiense llamado David Keith. Este profesor de física aplicada en la Universidad de Harvard (EEUU) ya había acaparado titulares por su defensa abierta de aumentar las investigaciones sobre la geoingeniería, concretamente, de sembrar la estratosfera inferior con ácido sulfúrico para reflejar los rayos de Sol y enfriar el planeta (ver Manipular el clima: ¿locura o necesidad?).

Con su proyecto de captura de carbono, sin embargo, Keith se está cuidando de sobrepromocionar la tecnología de su empresa: mientras que el proceso de Carbon Engineering debería poder extraer dióxido de carbono del aire al ritmo de aproximadamente una tonelada al día, Keith remarca que no está diseñado para, ni es capaz de reducir de forma medible los gases de efecto invernadero de la atmósfera. En lugar de ello, la motivación es la de producir combustibles para aplicaciones en el transporte, como los aviones, camiones y autobuses.

El proceso emplea una gran pared de ventiladores, conocida como un contactor, para hacer pasar el aire  por un líquido que reacciona con el CO2. Esa solución rica en dióxido de carbono entonces pasa por varias etapas de procesado para crear un flujo purificado de CO2 y el líquido que vuelve al contactor. Keith y su equipo han mezclado ingeniosamente procesos industriales de otras industrias existentes, por ejemplo en las fábricas de papel.

"Esto no es una tecnología nueva", afirma Keith.

Y realmente sólo representa la mitad del proceso requerido para realmente producir combustible. El CO2 colectado entonces ha de mezclarse con hidrógeno para producir hidrocarburos. Apoyado con fondos del Gobierno provincial de Columbia Británica, Carbon Engineering tiene planes de instalar un electrolizador que divida el agua para obtener el hidrógeno, el cual se utilizará para proveer el combustible para los autobuses de tránsito de la Columbia Británica. Para eso falta al menos un año.

Foto: Un componente es entregado en la planta piloto de Squamish, Columbia Británica.

El sistema al completo tiene un consumo energético relativamente alto, por lo que necesitará una fuente barata de generación de energía baja en carbono, probablemente de energía solar, para que la economía energética resulte viable.

Carbon Engineering, que ha sido financiada por una serie de inversores que incluyen a Bill Gates, es una de varias empresas, incluida la empresa alemana Climeworks, que trabajan en sistemas de captura de carbono (la mayoría emplean sistemas en los que el CO2 es absorbido por un sólido, en lugar de un líquido). En el pasado, se ha promocionado el potencial de estos procesos de reducir significativamente la cantidad de carbono total de la atmósfera, ralentizando así el cambio climático global. Por ahora, es un sueño inalcanzable: para empezar, como sucede con los sistemas que capturan carbono de las chimeneas de las plantas energéticas de combustibles fósiles, sencillamente resulta demasiado caro a la escala masiva que se requeriría. Es más, la operación de estos sistemas tiene un altísimo consumo energético.

Un mercado activo para los combustibles hechos con CO2 capturado del aire haría mucho por la rentabilidad del proceso, al menos para sistemas a pequeña escala. Quemar el combustible producido de esta manera emitiría, por supuesto, carbono, pero a cambio de la quema de los combustibles fósiles, no aumentaría la cantidad total de dióxido de carbono liberada a la atmósfera. El coste de producir el combustible en la planta piloto de Squamish, una vez esté totalmente operativa, será mucho más alto que el de los tradicionales combustibles, pero Keith dice que una vez que el proceso se escale con el uso de la energía solar, espera poder producir el combustible por 1 dólar (unos 0,88 euros) por litro. (El combustible de aviones actualmente se vende por unos 37 céntimos de dólar – o 33 céntimos de euro – por litro; el precio del diésel se encuentra en algo menos de un dólar por litro). Ese objetivo se podría cumplir dentro de un par de años, o nunca; pero la planta que abrirá en Squamish empezará a poner a prueba esta posibilidad.

"Todo este tema se ha polarizado más que cualquier otra cosa en la que he trabajado", afirma Keith. "Espero que podamos llegar al punto donde la gente lo trate como una tecnología normal. No es una varita mágica, pero tampoco es un engañabobos".

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