.

La fundadora de C+Arquitectos y creadora de In The Air, Nerea Calvillo.

Energía

"Los gobiernos no eliminarán la polución hasta que la gente no lo exija"

1

La arquitecta Nerea Calvillo crea representaciones gráficas y artísticas de un problema invisible: la contaminación del aire. Su proyecto colaborativo In The Air es una herramienta de ayuda para rediseñar las ciudades y evitar que las personas vivan envueltas en un ambiente tóxico

  • por Alba Casilda | traducido por
  • 01 Octubre, 2018

Aunque parezca sencillo, alzar la mirada para contemplar el cielo resulta complicado para los habitantes de muchas ciudades. Entre el horizonte y sus ojos se interpone una capa que lo nubla todo: la contaminación atmosférica. Ésta reside en el aire, un elemento que nos rodea pero del que la sociedad apenas conoce nada. "Como no lo vemos, no nos preocupamos por él. Sin embargo, el aire tiene una relación directa sobre el funcionamiento de las ciudades y nuestros cuerpos", alerta la arquitecta y fundadora de C+Arquitectos, Nerea Calvillo.

Con el objetivo de hacer visible lo invisible y conocer cómo "respira" una ciudad, Calvillo creó In The Air, un proyecto que investiga diferentes maneras de visualizar la calidad del aire de las urbes. Más allá de su potente fin didáctico, la arquitecta, que también es profesora de la Universidad de Warwick (Reino Unido), explica que el objetivo consiste en "aportar información para diseñar en función de la calidad del aire".  Y afirma que "ya hay gente que tiene en cuenta los parámetros del aire para mejorar el funcionamiento de las ciudades".

¿Cómo afecta la contaminación a la vida en las ciudades?

Es un problema gravísimo. La contaminación provoca 400.000 muertes tempranas al año en Europa. Tenemos que abordar el problema de manera colectiva porque el aire se mueve, y los gases y las partículas se distribuyen, es decir, la contaminación viaja. Aunque se implante una solución de manera local, es algo que perjudica a todo el mundo.

¿Cómo empezáis a abordar esta situación en In The Air?

La Unión Europea obliga a que los ayuntamientos muestren información sobre la calidad del aire, pero el formato en el que la ofrecen resulta muy difícil de interpretar. El proyecto nació con el objetivo de dar legibilidad al aire, es decir, descubrir qué es la contaminación, cómo se explica, cómo se mide y cómo se visualiza el estado del aire en los diferentes instantes que se viven en una ciudad. 

Foto: Datos del aire de Sao Paulo visualizados en la fachada de un rascacielo. Producido para Digital Art Gallery SESI-SP Sao Paulo. Crédito: In The Air.

¿Dónde ha trabajado el proyecto hasta ahora?

El primer experimento que realizamos, en un taller en Medialab Prado de Madrid [España], consistió en una aplicación online en la que se pueden ver [cómo se distribuyen] los cinco contaminantes principales sobre la ciudad a partir de datos de la página web del Ayuntamiento.

Los usuarios pueden navegar por las diferentes capas de la calidad del aire y ver cómo va cambiando cada contaminante en tiempo real.  También hicimos una adaptación para Santiago de Chile [Chile] y Budapest [Hungría].

Otro caso fue el que realizamos en Sao Paulo [Brasil]. Plasmamos los datos en la fachada de un rascacielos. De esta manera, conseguimos que esa información formara parte del espacio público. Algo que nos puede servir como peatones y nos indica cómo movernos en la ciudad y qué actividades queremos hacer.

¿Qué parámetros del aire se analizan?

La Unión Europea obliga a medir cinco contaminantes: azufre, monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, ozono y partículas en suspensión [como caucho, trozos de piel y plomo]. In The Air incluye todos estos componentes, pero cada gobierno puede añadir otros según sus intereses.

¿Qué relación existe entre nuestras rutinas y la calidad del aire?

Son dos aspectos totalmente vinculados. Nuestras acciones tienen efectos directos en la calidad del aire. Por ejemplo, en la aplicación que desarrollamos para Santiago de Chile comprobamos las partículas en suspensión indican dónde están las montañas y dónde se ubica la industria. En Madrid, observamos que cuando había eventos, como las rebajas o partidos en el Estadio Santiago Bernabéu, se producían picos altos de partículas en suspensión.

Foto: Maqueta que refleja el paisaje instantáneo de las partículas de suspensión de Madrid. (España). En ella se pueden leer las actividades de la ciudad. Producido para la Laboral Centro de Arte y Creación Industrial. Crédito: In The Air.

¿La sociedad es consciente de la influencia de sus rutinas sobre la calidad del aire?

Uno de los problemas es que pensamos que el aire es algo ajeno a nosotros. Estas iniciativas son importantes para que el ciudadano vea que hay un problema. Si visualizamos estas conexiones, podremos entender mejor la relación tan íntima que tenemos con el aire y la urgencia que tenemos para cuidarlo.

Ahora estamos centrados en averiguar cómo comunicar a la ciudadanía las cuestiones medioambientales en los espacios públicos. Por ejemplo, en Seúl [Corea del Sur] creamos el proyecto Yellow Dust. Es una instalación que construye una nube amarilla de vapor de agua y hace visibles las partículas del lugar y las reduce parcialmente. Ahora estamos adaptando el proyecto para Madrid, queremos utilizar luces y vaporizadores de agua para mostrar cómo están los embalses y así fomentar un buen uso de los recursos.  Estas infraestructuras acondicionan el espacio público y crean conciencia.

Pero para solucionar el problema no basta con concienciar a la ciudadanía, también hacen falta acciones que aborden el problema. ¿Cómo pueden los urbanistas y arquitectos utilizar estas herramientas para contribuir al bienestar de las ciudades?

Nuestro objetivo también es dirigirnos a profesionales y gobiernos. En la aplicación online, los urbanistas pueden ver las capas de calidad del aire y compararlas en distintos puntos de una ciudad.

Es importante que sepan que la calidad del aire no se puede analizar como un elemento aislado. Hay que tener en cuenta el concepto de injusticia medioambiental. En un porcentaje muy alto, las peores condiciones coinciden con puntos desfavorables de la ciudad. Hay que pensar en la calidad del aire de una forma más compleja e integrada: dónde vivimos, cómo vivimos y quién vive en cada zona.

Foto: Infraestructura Yellow Dust, una visualización de las partículas en suspensión de Seúl (Corea del Sur). Producido para la Seoul Biennale of Architecture and Urbanism. Crédito: Daniel Ruiz.

¿Cómo debería variar el diseño de una urbe en función de la calidad de su aire?

Es muy difícil establecer leyes generales porque depende de muchos parámetros, como la situación geográfica, la topográfica (si está encima de una colina o cómo funciona el viento a su alrededor), el clima, etcétera.

Existen soluciones pasivas que utilizan la propia arquitectura para regular las acciones energéticas y contaminar menos. También se están produciendo desarrollos tecnológicos de los materiales de los edificios para que absorban la contaminación [ver Construcción para sobrevivir y luchar contra el cambio climático]. Otras iniciativas investigan cómo se mueve el aire dentro del tejido urbano, y cómo se mueve la contaminación en función de esos túneles de viento, algo que podría servir para diseñar el patrón de las calles.

Pero, además de estas soluciones técnicas, necesitamos encontrar estrategias más positivas de relacionarnos con la naturaleza y el medio ambiente, para no sólo no dañarlos, sino para cuidarlos.

¿Qué errores del pasado hay que evitar a la hora de diseñar ciudades?

Un claro ejemplo es lo que sucedió tras la Revolución Industrial. Al principio, las fábricas se ubicaron en las ciudades y apenas se podía ver dentro de las urbes. Entonces, las sacaron a la periferia. Pero el problema no desapareció, simplemente se trasladó.

Lamentablemente, esto sigue siendo un error a día de hoy. Ahora, cuando se dice que hay que quitar la contaminación de las ciudades, se prohíbe la entrada de coches al centro y los vehículos se quedan en las afueras. De nuevo, el problema sólo se está trasladando.

No hay que pensar en soluciones temporales. Lo más importante es ver cómo diseñamos ciudades e infraestructuras no contaminantes desde el inicio.

Pero no sólo ciudadanos y urbanistas son necesarios para asumir este reto, ¿qué respuesta están dando los diferentes países?

La Unión Europea ha establecido leyes que obligan a los países a cumplir unos límites, pero no todos las cumplen. Reino Unido va a tener que pagar millones de libras por llevar 10 años superado los límites. Otro caso, fue el de las Olimpiadas de 2008 en Pekín [China]. Los deportistas no podían competir porque no podían respirar. Entonces, Pekín paró todas las industrias de alrededor de la ciudad y en tres días mejoró su calidad del aire. Sabemos cómo hay que hacer las cosas, pero hay que querer hacerlas.

En mi opinión, los gobiernos no van a hacer nada hasta que la ciudadanía no se lo pida. Por eso, es tan importante crear una conciencia social. Eso sí, la gente también tiene que estar dispuesta a cambiar muchos de sus hábitos.

*Esta entrevista se publicó originalmente en el blog de Innovación de Sacyr el 19/09/2018

Energía

  1. "Los materiales del futuro serán inteligentes y dialogarán con su entorno"

    Para el investigador Amador Menéndez, este tipo de innovaciones serán claves para abordar graves problemas como el cambio climático y los desastres naturales. Su enfoque consiste en jugar con la luz para crear nuevos compuestos capaces de generar electricidad y ahorrar energía

  2. Así fue el vuelo inaugural del primer avión eléctrico y sin hélices

    Aunque el prototipo aún no se eleva mucho ni puede llevar carga ni pasajeros, su enfoque de emplear la propulsión electroaerodinámica para elevarse  podría anunciar la llegada de aviones más silenciosos y con menos emisiones

  3. La minería espacial podría ser mejor para el medio ambiente que la terrestre

    El primer estudio de impacto ambiental de la extracción de recursos como el agua y el platino de un asteroide revela que generaría menos emisiones de gases de efecto invernadero que si se hace en la Tierra. Pero si los combustibles y las prácticas actuales mejoran, las cifras podrían dar la vuelta