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Jake Belcher

Energía

La sociedad debe empezar a adaptarse a vivir en un mundo más cálido

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Por mucho que reduzcamos las emisiones de efecto invernadero, el planeta ya muestra síntomas de cambio climático. El experto en energía de la Universidad de Harvard, Daniel Schrag, cree que la arquitectura, la agricultura y el transporte deben prepararse para resistirlo

  • por Elizabeth Woyke | traducido por Ana Milutinovic
  • 20 Septiembre, 2018

Sería maravilloso que pudiéramos actualizar rápidamente todo el sistema energético global para prevenir la destrucción del medio ambiente. Pero como de momento no podemos hacerlo (ver A este ritmo, el sistema energético tardará 400 años en transformarse), el director del Centro para el Medio Ambiente de la Universidad de Harvard (EE.UU.), Daniel Schrag, cree que la mejor estrategia es que simplemente nos preparemos para vivir en un mundo más cálido, más húmedo y más vulnerable a los desastres naturales (ver Los activistas del clima se rinden ante la futura catástrofe medioambiental).

Durante su ponencia en la reciente conferencia EmTech de MIT Technology Review, Schrag hizo hincapié en la dificultad de transformar el suministro global de energía a una velocidad suficiente como para detener el desastre ambiental que se avecina (ver El futuro más negro del cambio climático es también el más probable). "Podría tratarse del problema más difícil al que la humanidad se haya enfrentado", afirmó.

Uno de los grandes desafíos en la lucha contra el cambio climático reside en la persistencia de algunos gases de efecto invernadero. En concreto, de la escala de tiempo extremadamente larga del ciclo del carbono. Más de la mitad de las emisiones actuales de dióxido de carbono de la atmósfera permanecerán allí hasta dentro de 1.000 años, y aproximadamente un tercio todavía vivirá en nuestros cielos otros 20.000 años.

Cambiar la infraestructura energética también es extremadamente complejo y costoso (ver Construir un mundo 100% renovable podría ser inviable económicamente). El carbón tardó más de 150 años en reemplazar a la madera como principal fuente de energía, recordó Schrag. Y el cambio climático es un problema verdaderamente global. "Mientras algunos países sigan usando combustibles fósiles y emitiendo gases de efecto invernadero, el problema [del cambio climático] seguirá empeorando", afirmó. La falta de voluntad política de algunos países para reducir sus emisiones queda patente si se miran ejemplos el de como EE. UU., que el año pasado se retiró del Acuerdo de París (Francia), y el de España, donde los intentos por reducir el consumo del diésel se están enfrentando a una gran oposición.

Más allá de la resignación, Schrag cree que la tecnología podría contribuir a limitar el problema. El experto ha estado involucrado en los esfuerzos de Harvard para  investigar la geoingeniería solar  como medida desesperada para contrarrestar artificialmente el calentamiento global. La idea básica consiste en liberar partículas que reflejan la luz solar en la atmósfera para reducir la radiación y, en consecuencia, enfriar el planeta (ver Manipular el clima: una medida desesperada para salvarnos del cambio climático).

Aunque esta tecnología aún está en pañales, Schrag cree que deberíamos seguir investigándola antes de que tengamos que recurrir a ella repentinamente sin estar seguros de que funciona correctamente (ver "La geoingeniería llegará después de algún gran suceso, como una gran ola de calor mortal"). El experto afirmó: "Si no investigamos ahora, es probable que la gente lo haga de la manera incorrecta. Afortunadamente disponemos de una o dos décadas [antes de que tengamos que implementarla] para descubrir todas las formas en las que podría salir mal" (ver La peor estrategia para la geoingeniería sería cancelarla de golpe).

Pero aunque el mundo siga dando pasos para reducir sus emisiones y mitigar los efectos del cambio climático, también tendrá que adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. Schrag considera imprescindibles los nuevos avances en arquitectura, agricultura y transporte. El experto concluyó: "Creo que cambiaremos nuestra forma de construir casas y nuestra manera de vivir y organizar las ciudades. Crearemos sistemas de transporte nuevos y más resistentes. Ya están plantadas las semillas para un [próximo] siglo increíblemente innovador y emocionante, pero probablemente también traerá bastante sufrimiento".

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