Esta semana hemos publicado la edición de 2026 de nuestra lista de empresas de tecnología climática a seguir. Se trata de un proyecto anual elaborado por el equipo de MIT Technology Review. Nuestro objetivo es destacar algunos de los avances y empresas más prometedores e interesantes a los que creemos que merece la pena prestar atención en el ámbito de la tecnología climática y energética.
Para mí, la lista siempre es un pequeño rayo de esperanza—hay ideas fascinantes para cambiar la forma en que abastecemos de energía a nuestro mundo o para abandonar los combustibles fósiles y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático.
Las empresas que hemos seleccionado suelen reflejar diversos aspectos del momento actual. Estas son algunas de las compañías que hemos elegido y los temas clave que merece la pena destacar.
China es el centro del mundo de la tecnología climática y energética
Perdona: sé que ya he insistido en este punto antes. No dudes en llamarme «Capitán Obvio». Pero creo que el dominio de China en la tecnología energética es una tendencia global que bien merece la pena recordar una y otra vez.
China alberga la mayor red eléctrica del mundo, y las renovables se están incorporando a ella a un ritmo más rápido de lo que soy capaz de asimilar. A ese auge contribuye Envision Energy, un gigante de las renovables que aparece en nuestra lista por segunda vez. La empresa ha instalado más de 100 gigavatios de energía eólica en todo el mundo, así como más de 50 gigavatios-hora de almacenamiento en baterías.
Como muchas otras empresas chinas ahora mismo, Envision mira más allá del saturado mercado chino y tiene la vista puesta en el extranjero, con proyectos en Alemania, Brasil y Australia, y próximos trabajos en Vietnam.
China también lidera la innovación en tecnologías clave. Me resulta fascinante el potencial de las baterías de última generación que desarrollan sus empresas: todas las grandes compañías, junto con multitud de firmas más pequeñas, compiten a contrarreloj por desarrollar baterías de estado sólido. Podrían ser tanto más seguras que las actuales baterías para vehículos eléctricos como ofrecer una mayor autonomía.
WeLion New Energy resulta especialmente interesante. La empresa de baterías anunció el año pasado un gran resultado de laboratorio al alcanzar los 824 vatios-hora por kilogramo —más del triple de la densidad energética de una batería convencional de iones de litio actual—. Los resultados de laboratorio en la investigación de baterías son conocidos por su dificultad para escalar, pero WeLion también trabaja en el despliegue de baterías de estado semisólido, que podrían materializarse más rápido que las celdas de estado puramente sólido sin dejar de mejorar el rendimiento respecto a las de iones de litio.
Todo el mundo quiere un trozo del pastel de los centros de datos
Hemos incluido solo tres empresas de Estados Unidos en la lista, y dos de ellas han recibido un gran impulso de las grandes tecnológicas, en un momento en que las compañías buscan abastecer de energía a sus centros de datos. (La tercera, Brimstone, apuesta por otro tema políticamente candente: los minerales críticos). Las tecnologías capaces de suministrar energía constante tienen una gran demanda.
Fervo Energy está llevando la energía geotérmica de última generación a la red eléctrica mediante el uso de la perforación horizontal y la fracturación hidráulica para hacerla viable en más lugares. La empresa salió a bolsa en mayo, captando 2200 millones de dólares en su OPV, y prevé tener en funcionamiento plantas con una capacidad total de un gigavatio para finales de 2030.
X-energy está construyendo reactores nucleares modulares pequeños refrigerados por helio. El tamaño reducido de los reactores les confiere flexibilidad, y la compañía trabaja actualmente en un conjunto de ellos de 320 megavatios en colaboración con Amazon en Richland (Washington). (Por si sirve de algo, me interesa lo que esta tecnología podría aportar a las instalaciones industriales: la empresa tiene un acuerdo con Dow que podría traducirse en su despliegue en una de las plantas químicas de la compañía a principios de la década de 2030).
La red eléctrica necesita apoyo y el almacenamiento de energía será una pieza clave de cara al futuro
Lo sé, lo sé: no he dejado de hablar de baterías desde que empecé a escribir este boletín hace cuatro años. Pero el mercado del almacenamiento energético ha superado incluso mis expectativas durante este tiempo. Y a medida que la energía solar y la eólica se incorporan con rapidez a la red, necesitan almacenamiento para responder a una mayor parte de la demanda.
Form Energy figura en la lista por tercera vez gracias a sus baterías de hierro-aire, que podrían abaratar el almacenamiento de energía de larga duración. La compañía tiene en marcha un megaproyecto, del orden de 30 gigavatios-hora, que servirá para alimentar un centro de datos de Google. Podría convertirse en el mayor proyecto de baterías del mundo por capacidad para cuando entre en funcionamiento, algo que previsiblemente ocurrirá por fases entre 2028 y 2031.
Con un enfoque distinto, Energy Dome utiliza dióxido de carbono comprimido para almacenar energía en la red eléctrica. Esta tecnología ya resulta más barata que las baterías de iones de litio para duraciones más prolongadas (imagina 10 horas o más), y la empresa trabaja para escalar con rapidez. Cubrí la empresa en 2022, antes de que tuviera en marcha su primera planta comercial. Ahora tiene planes para plantas que suman más de 30 gigavatios-hora en todo el mundo, incluida una junto a Google en Irlanda cuya entrada en funcionamiento está prevista para 2028.
Y Moment Energy trabaja para aprovechar el millón de baterías de vehículos eléctricos que se prevé que lleguen al final de su vida útil para 2030. La empresa cuenta con unas instalaciones en Vancouver (Columbia Británica) que reutilizan baterías usadas para utilizarlas como suministro de energía de reserva.
Este año no ha sido un camino de rosas para la tecnología climática. Pero tengo la esperanza de que algunas de las empresas de esta lista, y las tecnologías que desarrollan, nos sigan impulsando en la dirección correcta.
Este artículo procede de The Spark, el boletín semanal sobre clima de MIT Technology Review. Para recibirlo en tu bandeja de entrada cada miércoles, suscríbete aquí.

